sábado, 3 de octubre de 2009

BEATVS ILLE… (FELIZ AQUEL…): EL OTRO HORACIO, EL DE LOS POEMAS RECONOCIDOS POR TODOS COMO SUBLIMES

Hace unos días, yo publiqué y comenté en este mismo espacio dos Épodos de Horacio, el VIII y el XII, que son obras atrevidas, procaces, directas, sin eufemismos, obras en las que se describen seguramente situaciones reales, y es que la Realidad muchas veces es repugnante, pero continúa siendo la Realidad, y la misión del Genio, entre otras, es plasmar fielmente la Realidad. La mayoría de los comentarios, como era de esperar, reconocieron la originalidad y el genio de Horacio. También hubo quien tildó a esos textos de “repugnantes”, sin tener en cuenta que esos textos han pasado por el filtro de dos mil años de transmisión. En todo caso habría que aclarar que la “repugnancia”, de existir, no está en los textos de Horacio, sino en la Realidad descrita. Y es que no se puede matar al mensajero.

Aquí os presento hoy el archiconocido Épodo II, que poéticamente tradujo nuestro Fray Luis de León, para ponerlo al alcance de todos, ese mismo Fray Luis de León que fue encarcelado en Valladolid por haberse atrevido a traducir a la lengua romance el Cantar de los Cantares, un texto precioso, de un erotismo sublime, atribuido al Rey Salomón. Pero es que en el siglo XVI existía la Inquisición y sólo podían tener acceso a la Biblia entera quienes conocían el Latín, los clérigos fundamentalmente.

En el texto de Horacio que os presento hoy podréis saborear la valoración que da nuestro autor a la vida en el campo, lejos de las inquietudes de la gran Urbe, la belleza del cantar de los pájaros y la música de las fuentes, lo mismo que el trabajo agrícola y el calor y el cariño que se disfruta en un hogar, que es pobre, pero donde el amor y el afecto entre sus componentes es grande, lo mismo que la piedad hacia los dioses.

Horacio, en su genialidad, en los cuatro últimos versos, pone todo lo dicho anteriormente en la boca de un maldito usurero. Es como si una ráfaga de aire limpio y fresco hubiese pasado por su mente, la del usurero, que rápidamente vuelve a sus preocupaciones de siempre: seguir siendo un maldito usurero, que vive preocupado sólo por su dinero, y que, en definitiva, es un desgraciado y un ser despreciable. Alfio es su nombre.


Agradecimiento: doy las gracias a mi gran amiga, la escritora Soledad Sánchez Mulas, porque fue leyendo su precioso poema "LA ALBUFERA" como me vino la idea de poner a vuestra disposición este texto de Horacio: el bucolismo y sosiego que rezuma el poema de Soledad es el mismo que se percibe en el de Horacio. Si os apetece, podéis leerlo pinchando aquí.
1. Dichoso aquél que, lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales, labra los campos heredados de su padre con sus propios bueyes, libre de toda usura,

2. y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos.

3. Así pues, ora enlaza los altos álamos con el crecido sarmiento de las vides, ora contempla en un valle apartado sus rebaños errantes de mugientes vacas,

4. y, amputando con la podadera las ramas estériles, injerta otras más fructíferas, o guarda las mieles exprimidas en ánforas limpias, o esquila las ovejas de inestables patas.

5. O bien, cuando Otoño ha levantado por los campos su cabeza engalanada de frutos maduros, ¡cómo goza recolectando las peras injertadas y vendimiando la uva que compite con la púrpura,

6. para ofrendarte a ti, Príapo, y a ti, padre Silvano, protector de los linderos! Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina, otras sobre el tupido césped.

7. Corren entretanto las aguas por los arroyos profundos, los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar, invitando con ello al blando sueño.

8. Y, cuando la estación invernal de Júpiter tonante apresta lluvias y nieves, ya acosa por un sitio y por otro con sus muchas perras a los fieros jabalíes hacia las trampas que les cierran el paso,

9. ya tiende con una vara lisa sus redes poco espesas, engaño para los tordos glotones, y captura con lazo la tímida liebre y la grulla viajera, trofeos que le llenan de alegría.

10. ¿Quién, entre tales deleites, no se olvida de las cuitas desdichadas que el amor conlleva? Y si, por otra parte, una mujer casta, cumpliendo con su oficio, atiende la casa y a los hijos queridos

11. -como la sabina o la esposa, abrasada por el sol, del ágil Ápulo-, enciende el fuego sagrado del hogar con leños secos un poco antes de que llegue su fatigado esposo,

12. y, encerrando la bien nutrida grey en la empalizada del redil, deja enjutas sus ubres repletas; si, sacando vino del año de la dulce tinaja, prepara manjares no comprados,

13. no serán más de mi gusto las ostras del lago Lucrino, o el rodaballo o los escaros -si tronando la tempestad en las olas orientales desvió algunos hacia este mar-,

14. ni el ave africana ni el francolín jónico caerán en mi estómago más placenteramente que la aceituna recogida de las ramas más cargadas de los olivos,

15. o la hoja de la acedera, amante de los prados, o las malvas salutíferas para el cuerpo enfermo; o que la cordera sacrificada en las fiestas Terminales, o que el cabrito arrancado al lobo.

16. Entre estos manjares, ¡qué gusto da contemplar las ovejas que vuelven rápidas al aprisco después del pasto, contemplar los bueyes cansados arrastrando con su cuello lánguido el arado vuelto del revés,

17. y los esclavos, enjambre de la fecunda casa, colocados en torno a los Lares relucientes!

18. Cuando el usurero Alfio hubo así discurseado, dispuesto a convertirse de inmediato en labrador, recogió en las Idus todo su dinero, decidido a renovar sus préstamos en las Calendas.
Horacio: Epodos y Odas, Traducción, introducción y notas de V. Cristóbal López, Madrid, Alianza, 1990.


Respeto la numeración por grupos de cuatro versos, con una excepción, del traductor, en lugar de la original que se compone de estrofas de dos versos cada una, por parecerme más pedagógica que el texto original.

http://recyt.fecyt.es/index.php/HS/article/viewFile/6019/5728


1 Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium,
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,

2 neque excitatur classico miles truci,
neque horret iratum mare
forumque uitat et superba ciuium
potentiorum limina.

3 Ergo aut adulta uitium propagine
altas maritat populos,
aut in reducta ualle mugientium
prospectat errantis greges

4 inutilisque falce ramos amputans
feliciores inserit,
aut pressa puris mella condit amphoris
aut tondet infirmas ouis.

5 Vel, cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
ut gaudet insitiua decerpens pira
certantem et uuam purpurae,

6 qua muneretur te, Priape, et te, pater
Siluane, tutor finium.
Libet iacere modo sub antiqua ilice,
modo in tenaci gramine:

7 labuntur altis interim ripis aquae,
queruntur in siluis aues
fontesque lymphis obstrepunt manantibus,
somnos quod inuitet leuis.

8 At cum tonantis annus hibernus Iouis
imbris niuisque conparat,
aut trudit acris hinc et hinc multa cane
apros in obstantis plagas,

9 aut amite leui rara tendit Retia,
turdis edacibus dolos
pauidumque leporem et aduenam laqueo gruem
iucunda captat praemia.

10 Quis non malarum quas amor curas habet
haec inter obliuiscitur?
Quodsi pudica mulier in partem iuuet
domum atque dulcis liberos,

11 Sabina qualis aut perusta solibus
pernicis uxor Apuli,
sacrum uetustis exstruat lignis focum
lassi sub aduentum uiri,

12 claudensque textis cratibus laetum pecus,
distenta siccet ubera
et horna dulci uina promens dolio
dapes inemptas adparet:

13 non me Lucrina iuuerint conchylia
magisue rhombus aut scari,
siquos Eois intonata fluctibus
hiems ad hoc uertat mare,

14 non Afra auis descendat in uentrem meum,
non attagen Ionicus
iucundior quam lecta de pinguissimis
oliua ramis arborum

15 aut herba lapathi prata amantis et graui
maluae salubres corpori
uel agna festis caesa Terminalibus
uel haedus ereptus lupo.

16 Has inter epulas, ut iuuat pastas ouis
uidere properantis domum,
uidere fessos uomerem inuersum boues
collo trahentis languido

17 positosque uernas, ditis examen domus,
circum renidentis Lares.

18 Haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit idibus pecuniam,
quaerit kalendis ponere.




Observación: Las imágenes son todas de "La Alpujarra Granadina" y están tomadas de:


http://www.belladurmiente.com/foro-s/viewtopic.php?t=7350&sid=713a7aab23e5fc47004815dea87862ae


15 comentarios:

  1. Antonio, como he dicho muchas veces, tus post son inigualables, son perfectos en el fondo y en la forma.Pasas suavemente de un tema abrupto,con un erotismo descarnado y real, a la descripción de un bucólico lugar, donde se respira paz, dulzura, realidad. Con que placer narra Horacio la estancia en el campo.

    Pones el listón muy alto, pero me gusta leerte y los comentarios posteriores.

    Un abrazo .Proserpina

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  2. Es una maravilla, no puedo decir nada mas, esa descripcion bucolica e irreal de la vida campesina, tan dura por tantas cosas y, al mismo tiempo, tan idealizada y añorada por los romanos. Me ha parecido bellisima. Un abrazo querido amigo y gracias por estos regalos.

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  3. Querido Antonio:

    he aquí el Épodo II, uno de los más fructíferos de la literatura, pues a partir de que Horacio lo escribiera y lo inmortalizara para la historia, tan recurrente ha sido el tópico que en él se contiene. Así, el "beatus ille" fue recordado por Fray Luis y por tantos otros escritores en la literatura hispánica, quizás en algún caso, de manera menos explícita y más sutil.
    Y es que Horacio, es vida y pluma en estado puro: la intensidad y el gusto por la vida, la pasión por el amor y por las mujeres, también por la amistad. La soledad, a veces, la tristeza... todos los estados de ánimos inherentes al ser humano y en los que nos hace vernos reflejados, como si no hubieran pasado los siglos por sus letras y por sus vivencias, por sus sentimientos.

    Vemos ahora al Horacio que huye del mundanal ruido, que prefiere el sendero al camino trillado, que busca hacernos partícipes de una búsqueda de la felicidad en uno mismo, fuera de los dolores, las envidias, las preocupaciones sin sentido. El camino al bosque es quizás el camino hacia el espíritu, la verdad que, tantas veces, buscamos en palabras proféticas, y que parece decirnos Horacio no hemos de irnos lejos para encontrarlas, sólo hemos de mirar hacia dentro, hacia nuestra alma. Huyamos pues de la envidia, del odio, de la codicia que sólo llevan a las arrugas del corazón, busquemos nuestra alma para reencontrarnos con un tembloroso corazón, tan descuidado.
    Volemos de la mano de Príapo, del padre Silvano hacia el manto verde de la maravilla, de la iniciación hacia las fuentes eternas las que tanta fuerza encierran en nuestro espíritu. A modo de catarsis, Júpiter tonante, nos hará perder el miedo a las nieves, pues no refugiaremos en una humilde cabaña, pero llena de calor y de amor.
    Reencontremonos con el "aurea mediocritas" que podrá recordarnos el sentido de la vida.

    Bellísima entrada. Parece que los clásicos están siempre tan cerca, que son ideas tan nuevas, tan innovadoras, y es que tu presentación, Antonio, es siempre ejemplo de maestría, de enseñanza, de la literatura más bella y más apasionada.

    Querido Antonio, gracias una vez más por tan sublime presentación de Horacio en estas entradas, y de la vida y de la sangre que nos recorre en estremecimientos, por tu pasión por los clásicos que tan bien sabes transmitir.

    Besos gigantes de tu admiradora Ἑλένη.

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  4. Estimado amigo Antonio, delicioso texto de Horacio donde nos invita a valorar el estado más puro del alma sin surferfluos ingredientes que no hacen sino limitar al ser humano.

    Una delicia bocólica a nuestro alcance gracias tu sabiduría querido Antonio.

    Cada día disfruto más con los clásicos.

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  5. Es un gusto leer tus entradas y las fotos son preciosas.
    Bicos

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  6. Es imposible saber cuanto tiempo se tienen que repetir los procesos para que se superen. Leyendo este escrito no encuentro diferencia entre las tensiones espirituales de esa época a la actual. El poeta ironiza con el victimario que también es víctima de la usura. El individuo parece preso por las trombas ciegas del destino y sólo ellas quitan y ponen los actores de esta "comedia humana". Tal vez sea el héroe quien siendo mitad dios mitad hombre pueda redimir en los versos del poeta a una humanidad de los caprichos de la historia.
    Amigo Antonio como ya sabes hace casi un año sigo tus ediciones lo cual me satisface pues a modo de balance veo que tu trabajo aporta grandes beneficios a la cultura hispana al tiempo que motivas y ejemplificas a otras y otros trabajadores voluntarios para continuar su valiosa tarea por este medio, no me queda más que reiterar mi felicitación por tu esfuerzo para elevar la calidad y bienestar de espíritu de los hispanoparlantes.
    Gran saludo!!!

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  7. Durante estos días, me he acercado una y otra vez a este post, para saborearlo con calma y poder encontrar las palabras adecuadas.

    Elena y Dilman han explicado, mucho mejor que yo, las apreciaciones que desprende esta auténtica belleza.

    Antonio es muy bueno conmigo. Mi poema sobre La Albufera es una pincelada de una paz muy sentida y personal, en un momento determinado. Obviamente, me encuentro a muchísima distancia de Horacio.

    Me gustaría recordar las entradas de Antonio sobre los Épodos VIII y XII. Imagino que algunas mujeres se sintieron ofendidas por el lenguaje y la dureza de los versos. Los de este Épodo desprenden paz y hablan también de la otra cara del poeta. Se muestra humano, como todos nosotros, con nuestro lado oscuro y nuestro lado lleno de brillo y de luz. Al fin y al cabo, la imperfección nos humaniza.

    La genialidad consiste en levantar estas pasiones utilizando, únicamente, la pluma.

    Agradezco a Antonio esta entrada. El sólo hecho de que mi nombre esté cerquita del de Horacio y del suyo propio es... un gustazo.

    Me sorprende siempre esta forma de devanar el hilo de las letras, aportando cada uno un sentimiento y un cariñoso trabajo.

    Un beso, Antonio.

    Soledad.

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  8. Yo sólo leo a todos. Aprendo y saboreo...

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  9. Como suelo hacer cuando necesito "darme un respiro" me he dado un paseo por tu blog.

    Ana decora como un ángel, ya lo sabes. Sé que pones en sus manos la responsabilidad y el buen hacer para que vuestra casa sea un rincón apacible, hermoso, al que da gusto volver. Y algo te ha contagiado. Inevitablemente. Dos son infinitamente más que uno... hasta en la decoración.


    Tu espacio se está convirtiendo en un rincón acogedor, al que nos acercamos siempre, como bien dice Carmen, a aprender y a regalarnos la vista.

    Hoy, particularmente, me quedo con la belleza de tu fotografía en blanco y negro. Los ojos del muchacho que sonríen alegres a la cámara... toda la vida por delante, con tanto malo por venir, y tantísimo bueno por saborear. Podría estirar la mano y acariciar la mejilla del chico que luego sería un gran hombre, y decirle que el camino ha merecido la pena.

    Tu columna lateral, por si alguna mujer no se ha fijado, nos rinde un tributo que debemos agradecer. El delicado gesto para Ana, tu parte femenina; el recuerdo para nuestras madres; la ventana abierta de Elena; la vida nueva en esos dos hermosos bebés que están creciendo; el enlace a mi propio blog...

    Un hogar cuidado en el que sé que pones un mimo y un cariño exquisitos... casi tanto como Ana cuando comienza a diseñar un nuevo espacio.

    Y si realmente Antonio Martín hubiese estado "en danza" en los tiempos de la Guerra de Troya... Helena no hubiera podido resistir la tentación.

    Un beso, maestro.

    Soledad.

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  10. Amiga Elena, Ἑλένη,

    Llevaba ya unos días saboreando el comentario que hiciste al Beatus ille y estaba meditando una respuesta que estuviese a la altura de tu comentario. No ha sido tarea fácil, ni creo que lo haya conseguido, al menos del todo, pero, bueno, ahí va.

    Tú, querida Elena, cuando escribes, haces prosa poética. Tú, con tu forma de explicarlo, recreas a la maravilla el ambiente que tan genialmente nos describe Horacio. Y tú, como no era menos de esperar, estás a la altura. No se te escapa ni un detalle. Tú sí que eres una auténtica maravilla a la hora de leer un texto, claro, siempre que sea un texto que merezca la pena. Haces Literatura, y de la mejor, al comentar un texto literario. No se te escapa nada: ahí nos citas a Príapo, a Silvano, a Fray Luis, el calor de la casa humilde, los arrebatos amorosos de Horacio y todo lo demás. Es un placer leer a Horacio con los ojos y la inteligencia con que los lees tú, pero también es un gran placer leerte a ti comentando a Horacio.

    Pienso que a todos nos queda mucho que aprender de ti y ya me gustaría a mí tener unos cuantos años menos y poder estar sentado en un pupitre de esos que utilizan tus alumnos para poder saborear tus palabras e impregnarme de tus pensamientos. Pocas cosas vida pueden haber más provechosas y placenteras en la vida que impregnarse de la Sabiduría y la musicalidad de tus palabras, preñadas todas de profundos pensamientos y de la vida misma en estado puro.

    Es, querida Elena Ἑλένη, esto una parte, quizá mínima, de las muchas ideas, elogiosas todas que vienen a mi mente, cuando tú has traspasado la puerta de mi alma, o yo he entrado por la ventana de tu predio, por esa ventana que siempre tienes, nos tienes, abierta.

    Muchas gracias por ser como eres y un gran abrazo de tu admirador incondicional,

    Antonio

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  11. Amiga Soledad,

    Hiciste un sabroso comentario a este Beatus ille de Horacio y al conjunto del texto, el de Horacio, y la parte introductoria, hecha por mí. Modestamente haces referencia a las palabras que yo te dediqué, con esa humildad de quien, siendo grande y genial, se resiste a reconocerlo: para eso estamos los demás, los auténticos amigos, para reconocer los méritos allí donde existan. Tengo que insistir en que es rigurosamente cierto y real el contenido del párrafo en el que aludo a ti, con tu capacidad de provocar los mejores sentimientos y pensamientos en los demás, en este caso, en mí. Y eso tiene un gran mérito, porque, como bien sabes, me he pasado una buena parte de la vida codeándome con los Clásicos, con los mejores. Si reconozco tu Genio, tienes que admitir que puedo estar en la Verdad y puedo tener Razón.

    Efectivamente, yo leo tus poemas, y tu prosa (estos mismos comentarios), y encuentro por todas partes la grandeza de la Vida, la Sabiduría de saber expresarlo todo, y armonizar lo que en principio parecería contradictorio. ¡Qué bien has sabido unificar al Horacio de los otros dos Épodos, el VIII y el XII, con el de éste!

    Y, mientras estaba yo redactando lo que ahora lees, me encuentro con la delicia de descripción que haces de la columna lateral de mi espacio y me fluyen los pensamientos y las emociones, porque todo lo que dices allí es elogioso hacia mi persona y mi forma de hacer. Pues, ¿qué quieres que te diga? No pienso llevarte la contraria, porque sería un acto impropio de mí y estaría en contradicción con lo que realmente pienso. Has acertado en todo y has sido capaz de ver una intencionalidad escondida tras cada palabra y cada detalle: todo está pensado y bien pensado.

    En correspondencia a las palabras con las que defines esa imagen en blanco y negro, que me remite a tiempos pasados, pero también presentes, porque somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos, tengo que decirte que las tres diosas del famoso Juicio, a tu lado, no habrían ninguna de ellas alcanzado la gloria de ser la más hermosa, porque a ti no te hacen falta sobornos, como a ellas, ni nada que se le parezca. El mismo Menelao no se habría fijado en Helena, Helena de Esparta que era entonces, si tú hubieses estado a su lado, y, en cuanto a Paris, pues también, en tu presencia, se habría olvidado de los flechazos que le había lanzado Eros o Hímeros, instados por Afrodita, y también hubiese dejado de lado los más sólidos designios del Destino. En ese caso, no se llamaría Helena la que, según el mito, dio origen a la Guerra de Troya. Su nombre sería otro. Soledad de Troya es la que hubieses sido tú.

    Es un placer, querida Soledad, cruzar pensamientos y sensaciones contigo.

    Te envío un enorme abrazo,

    Antonio

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  12. Amiga Proserpina,

    Aunque con un retraso más que grande, paso a darte las gracias más sinceras por el comentario elogioso que hiciste en mi espacio a la publicación del Beatus ille de Horacio. Tengo que decirte que tienes la capacidad de ver las cosas en su conjunto y me ha gustado lo que de mí dices, aunque, también hay que decirlo, no estoy del todo seguro de que mi persona merezca elogios y encomios tan soberbios, pero, bueno, ¿qué le vamos a hacer?, no estoy en condiciones de llevarte la contraria en este momento, porque estoy seguro de que lo que has escrito te ha salido del alma, ese alma y ese corazón tan grandes que tú tienes.

    Desde mi humilde casa te envío un abrazo y un beso cariñosos y tiernos, además de sinceros y duraderos.

    Antonio

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  13. Amiga Carmen Pascual, Carmensabes,

    Aunque con importante retraso, paso a darte las gracias por tus breves, pero sinceras y elogiosas palabras, al hacer el comentario al Beatus ille de Horacio. En todo caso, el mérito es de Horacio, que fue quien escribió el poema. Yo me quedo con el papel, importante también, porque todo hay que decirlo, de ser su mensajero.

    Te envío un cariñoso abrazo,

    Antonio

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  14. Amigo Dilman,
    Tengo que felicitarte por tus palabras y tus ideas al comentar el Beatus ille de Horacio. Cuando uno te lee, se da uno cuenta de tus enormes conocimientos, trátese del Mundo Clásico Greco-Latino o del Mundo Clásico de la Hispanidad. Los grandes autores, Quevedo, Horacio, Ovidio, Lope de Vega, Cervantes -y los mezclo todos-, y otros muchos que no cito son como contertulios tuyos. Tus conocimientos traspasan todos los límites y llegan más lejos que la distancia que separa tu país del nuestro. Grande es también tu capacidad de síntesis, producto todo ello de una sólida formación, que transpira Sabiduría (y lo digo con mayúscula) por todas partes. Leer lo que tú escribes es recibir una lección, siempre de las mejores, trátese del tema que se trate.

    Desde esta España nuestra, que también es tuya, te envío mi admiración, mis respetos, y un cordial saludo, más todavía, un abrazo,

    Antonio

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  15. Amiga Carmen,

    Cuando tú dices:

    Yo sólo leo a todos. Aprendo y saboreo...

    estás haciendo lo que hago yo y me gusta hacer: aprender de los demás. Es la mejor forma de existir y ser mejor cada día.

    Un abrazo,

    Antonio

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