Yo soy Clitemnestra de Micenas y también me he escapado por un rato de Los Infiernos y no es porque Safo de Lesbos ni mi hermana Helena de Esparta me hayan dicho cómo lo han hecho, porque ellas no se hablan conmigo. Ellas dicen que son honradas y a mí me consideran casi como una puta, porque le fui infiel a mi marido, a Agamenón, cuando él se fue a la Guerra de Troya.
Y es que Egisto era un tipo que, oye, no estaba mal, aunque en el fondo no sé si iba por mí o por mi Reino, pero la cuestión es ésa: que pasé con él más de diez años. Pues por ese motivo esas dos no se hablan conmigo y me he tenido que buscar la vida yo sola, si “vida” se le puede llamar a la que llevamos en Los Infiernos. Lo que ha pasado es que el asqueroso perro Can Cerbero, que tiene nada menos que tres cabezas, lo que significa tres bocas, seis filas de dientes y también seis ojos, cuando me ha visto, se ha asustado, porque yo soy un espectro que da miedo hasta a las sombras de Los Infiernos, y entonces, del susto, se ha puesto a correr ladrando, y ha desaparecido, momento que he aprovechado yo para escaparme y conectarme a Internet, porque yo les oí decir a esas dos dónde estaba el Cibercafé para conectarse.
Aquí estoy esperando en Los Infiernos, a ver si algún día me reencarno nuevamente, pero lo tengo crudo, porque, si al mismo tiempo se reencarna mi hijo Orestes, es capaz de volver a liquidarme, porque, como sabéis por La Tierra, yo fui asesinada por mi propio hijo, en venganza porque yo, con mi amante Egisto, había quitado de en medio a mi marido Agamenón, cuando volvía victorioso de Troya.
Vosotros me conocéis bien, porque ese maldito Esquilo le ha puesto letra a mi vida y ha sacado a relucir todos mis trapos sucios, con esas tragedias que ha escrito y que tanto os gustan a vosotros, y a ti también, Antonio, que haces ostentación de conocerlas bien y las difundes por Internet.
Mi madre era Leda, que ¡menuda mujer era! En la misma noche se lo hizo con su marido, si a Tindáreo se le puede llamar marido, porque el pobre llevaba unos cuernos de ¡olé!, y también con Zeus, que era un mujeriego y se lo hacía con todas las que estaban a su alcance, que eran muchas, Pues eso, que mi madre Leda, de un viaje, parió a Cástor y a mí misma, que éramos hijos de su marido, y a Helena y Pólux, que eran hijos de Zeus.
En cierta forma yo me parezco a mi madre y me veo siempre muy sola, porque nadie quiere hablar conmigo, por la vida que llevé en La Tierra. Prácticamente no tengo ninguna amiga aquí en Los Infiernos, y mucho menos amigos. Todos sienten repugnancia por mí. ¡Es que ni mi propia hermana, esa Helena de Esparta, de la que tanto habláis vosotros, me dirige la palabra! Eso no es una hermana.
Ya os iré explicando más cosas, si consigo conectarme otra vez, que no lo sé, aunque casi estoy segura de que sí será posible, porque ese perro Cerbero, al que tanto asco le tengo, me tiene miedo, y, a la que me ve, se espanta y se queda como anonadado.
¡De algo tiene que servir haber sido una perversa y una asesina en La Vida! Todo el mundo me tiene miedo y asco, aunque aquí, en Los Infiernos, no sé por qué tienen que tenerme miedo. Aquí soy un espectro más, una sombra aborrecida por todos, y aquí no puedo hacer daño ninguno a nadie. Ni yo ni nadie.
Bueno, me voy porque ya oigo desde aquí los ladridos del perro. Puede que se haya recuperado ya del susto que se llevó sólo con verme, y sea capaz de plantarme cara cuando intente volver a Los Infiernos. Si ese asqueroso perro no me deja entrar en Los Infiernos, ¿a dónde voy a ir a parar?, porque, en mi estado actual, tampoco me aceptarían en La Tierra.
Me voy corriendo, y no os penséis que es eso lo que me ocurre, ¡malpensados!, que aquí y a mi edad eso ya no ocurre, y ya os explicaré más cosas, si consigo salir nuevamente.
A propósito, Antonio, hay cosas de tu blog que no me gustan, porque tú me haces revivir cosas y sucesos que yo quisiera olvidar y también quisiera que los olvidara todo el mundo.
Bueno, hasta la próxima. No te digo “Adiós”, porque aquí eso no se estila, aquí lo que se lleva es: ¡vete a Los Infiernos!
CLITEMNESTRA DE MICENAS
http://www.sikyon.com/Mykinai/Monuments/monum_eg05.html
The entry to the tomb of Klytaemnestra
http://www.sikyon.com/Mykinai/Monuments/monum_eg06.html
The Acropolis of Mykenae
http://www.sikyon.com/Mykinai/Monuments/monum_eg00.html
COMENTARIO DE ELENA CLÁSICA A CLITEMNESTRA
Querida Clitemnestra:
Pues no sabes qué trasiego hay allá por ese mundo de sombras del cual emerges, bella heroína trágica. Tu hermana acaba de asomarse por aquí. ¡Cuánto lamento que los lazos fraternales se hayan enturbiado con momentos de silencio! Deseo que Helena y tú prontamente volváis a estar tan unidas como lo estuvisteis hace ya muchos años... Pues ella también llevaba el signo del sufrimiento grabado en su frente, y tú necesitas de una comprensiva confidente, después de que te rozara el peor de los presagios en tu íntimo dolor de mujer y de madre. Yo sé muy bien que era la dolorosa venganza de la muerte de tu hija la que te nubló el sentido y no escatimó muerte para el padre asesino. ¿Es que tu hijo Orestes no se acordaba de Ifigenia? Lamento que tus historias íntimas anden de mano en mano, pero no te olvides de que Esquilo quiso reivindicarte, alma poderosa de mujer.
Espero que, al igual que tu hermana Helena, te aficiones al mundo internauta y nos visites muy a menudo: ya sabes que, al fin, el Can te teme.
Señora, mis saludos, es un verdadero placer.






+2.jpg)
.jpg)
.jpg)

























