Hace unos días, yo publiqué y comenté en este mismo espacio dos Épodos de Horacio, el VIII y el XII, que son obras atrevidas, procaces, directas, sin eufemismos, obras en las que se describen seguramente situaciones reales, y es que la Realidad muchas veces es repugnante, pero continúa siendo la Realidad, y la misión del Genio, entre otras, es plasmar fielmente la Realidad. La mayoría de los comentarios, como era de esperar, reconocieron la originalidad y el genio de Horacio. También hubo quien tildó a esos textos de “repugnantes”, sin tener en cuenta que esos textos han pasado por el filtro de dos mil años de transmisión. En todo caso habría que aclarar que la “repugnancia”, de existir, no está en los textos de Horacio, sino en la Realidad descrita. Y es que no se puede matar al mensajero.Aquí os presento hoy el archiconocido Épodo II, que poéticamente tradujo nuestro Fray Luis de León, para ponerlo al alcance de todos, ese mismo Fray Luis de León que fue encarcelado en Valladolid por haberse atrevido a traducir a la lengua romance el Cantar de los Cantares, un texto precioso, de un erotismo sublime, atribuido al Rey Salomón. Pero es que en el siglo XVI existía la Inquisición y sólo podían tener acceso a la Biblia entera quienes conocían el Latín, los clérigos fundamentalmente.
En el texto de Horacio que os presento hoy podréis saborear la valoración que da nuestro autor a la vida en el campo, lejos de las inquietudes de la gran Urbe, la belleza del cantar de los pájaros y la música de las fuentes, lo mismo que el trabajo agrícola y el calor y el cariño que se disfruta en un hogar, que es pobre, pero donde el amor y el afecto entre sus componentes es grande, lo mismo que la piedad hacia los dioses.
Horacio, en su genialidad, en los cuatro últimos versos, pone todo lo dicho anteriormente en la boca de un maldito usurero. Es como si una ráfaga de aire limpio y fresco hubiese pasado por su mente, la del usurero, que rápidamente vuelve a sus preocupaciones de siempre: seguir siendo un maldito usurero, que vive preocupado sólo por su dinero, y que, en definitiva, es un desgraciado y un ser despreciable. Alfio es su nombre.
Agradecimiento: doy las gracias a mi gran amiga, la escritora Soledad Sánchez Mulas, porque fue leyendo su precioso poema "LA ALBUFERA" como me vino la idea de poner a vuestra disposición este texto de Horacio: el bucolismo y sosiego que rezuma el poema de Soledad es el mismo que se percibe en el de Horacio. Si os apetece, podéis leerlo pinchando aquí.
1. Dichoso aquél que, lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales, labra los campos heredados de su padre con sus propios bueyes, libre de toda usura,2. y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos.
3. Así pues, ora enlaza los altos álamos con el crecido sarmiento de las vides, ora contempla en un valle apartado sus rebaños errantes de mugientes vacas,
4. y, amputando con la podadera las ramas estériles, injerta otras más fructíferas, o guarda las mieles exprimidas en ánforas limpias, o esquila las ovejas de inestables patas.
5. O bien, cuando Otoño ha levantado por los campos su cabeza engalanada de frutos maduros, ¡cómo goza recolectando las peras injertadas y vendimiando la uva que compite con la púrpura,
6. para ofrendarte a ti, Príapo, y a ti, padre Silvano, protector de los linderos! Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina, otras sobre el tupido césped.
7. Corren entretanto las aguas por los arroyos profundos, los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar, invitando con ello al blando sueño.
8. Y, cuando la estación invernal de Júpiter tonante apresta lluvias y nieves, ya acosa por un sitio y por otro con sus muchas perras a los fieros jabalíes hacia las trampas que les cierran el paso,
9. ya tiende con una vara lisa sus redes poco espesas, engaño para los tordos glotones, y captura con lazo la tímida liebre y la grulla viajera, trofeos que le llenan de alegría.
10. ¿Quién, entre tales deleites, no se olvida de las cuitas desdichadas que el amor conlleva? Y si, por otra parte, una mujer casta, cumpliendo con su oficio, atiende la casa y a los hijos queridos
11. -como la sabina o la esposa, abrasada por el sol, del ágil Ápulo-, enciende el fuego sagrado del hogar con leños secos un poco antes de que llegue su fatigado esposo,
12. y, encerrando la bien nutrida grey en la empalizada del redil, deja enjutas sus ubres repletas; si, sacando vino del año de la dulce tinaja, prepara manjares no comprados,
13. no serán más de mi gusto las ostras del lago Lucrino, o el rodaballo o los escaros -si tronando la tempestad en las olas orientales desvió algunos hacia este mar-,
14. ni el ave africana ni el francolín jónico caerán en mi estómago más placenteramente que la aceituna recogida de las ramas más cargadas de los olivos,
15. o la hoja de la acedera, amante de los prados, o las malvas salutíferas para el cuerpo enfermo; o que la cordera sacrificada en las fiestas Terminales, o que el cabrito arrancado al lobo.
16. Entre estos manjares, ¡qué gusto da contemplar las ovejas que vuelven rápidas al aprisco después del pasto, contemplar los bueyes cansados arrastrando con su cuello lánguido el arado vuelto del revés,
17. y los esclavos, enjambre de la fecunda casa, colocados en torno a los Lares relucientes!
18. Cuando el usurero Alfio hubo así discurseado, dispuesto a convertirse de inmediato en labrador, recogió en las Idus todo su dinero, decidido a renovar sus préstamos en las Calendas.
Horacio: Epodos y Odas, Traducción, introducción y notas de V. Cristóbal López, Madrid, Alianza, 1990.
Respeto la numeración por grupos de cuatro versos, con una excepción, del traductor, en lugar de la original que se compone de estrofas de dos versos cada una, por parecerme más pedagógica que el texto original.http://recyt.fecyt.es/index.php/HS/article/viewFile/6019/5728
1 Beatus ille qui procul negotiis,ut prisca gens mortalium,
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
2 neque excitatur classico miles truci,
neque horret iratum mare
forumque uitat et superba ciuium
potentiorum limina.
3 Ergo aut adulta uitium propagine
altas maritat populos,
aut in reducta ualle mugientium
prospectat errantis greges
4 inutilisque falce ramos amputans
feliciores inserit,
aut pressa puris mella condit amphoris
aut tondet infirmas ouis.
5 Vel, cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
ut gaudet insitiua decerpens pira
certantem et uuam purpurae,
6 qua muneretur te, Priape, et te, pater
Siluane, tutor finium.
Libet iacere modo sub antiqua ilice,
modo in tenaci gramine:
7 labuntur altis interim ripis aquae,
queruntur in siluis aues
fontesque lymphis obstrepunt manantibus,
somnos quod inuitet leuis.
8 At cum tonantis annus hibernus Iouis
imbris niuisque conparat,
aut trudit acris hinc et hinc multa cane
apros in obstantis plagas,
9 aut amite leui rara tendit Retia,
turdis edacibus dolos
pauidumque leporem et aduenam laqueo gruem
iucunda captat praemia.
10 Quis non malarum quas amor curas habet
haec inter obliuiscitur?
Quodsi pudica mulier in partem iuuet
domum atque dulcis liberos,
11 Sabina qualis aut perusta solibus
pernicis uxor Apuli,
sacrum uetustis exstruat lignis focum
lassi sub aduentum uiri,
12 claudensque textis cratibus laetum pecus,
distenta siccet ubera
et horna dulci uina promens dolio
dapes inemptas adparet:
13 non me Lucrina iuuerint conchylia
magisue rhombus aut scari,
siquos Eois intonata fluctibus
hiems ad hoc uertat mare,
14 non Afra auis descendat in uentrem meum,
non attagen Ionicus
iucundior quam lecta de pinguissimis
oliua ramis arborum
15 aut herba lapathi prata amantis et graui
maluae salubres corpori
uel agna festis caesa Terminalibus
uel haedus ereptus lupo.
16 Has inter epulas, ut iuuat pastas ouis
uidere properantis domum,
uidere fessos uomerem inuersum boues
collo trahentis languido
17 positosque uernas, ditis examen domus,
circum renidentis Lares.
18 Haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit idibus pecuniam,
quaerit kalendis ponere.
Observación: Las imágenes son todas de "La Alpujarra Granadina" y están tomadas de:
http://www.belladurmiente.com/foro-s/viewtopic.php?t=7350&sid=713a7aab23e5fc47004815dea87862ae































Caravaggio, The Lute Player. The Hermitage, St. Petersburg
Carl Dobsky: Sunday Morning.













