
Nuestra Soledad, que tanto cuida su “locus amoenus”, le ha dado nuevo aspecto a su jardín, más primaveral, y nos ha regalado hoy otro bonito verso de Virgilio que merece un comentario por parte mía:“Scilicet ante omnis furor est insignis equarum”
(Geórgicas, III, 266).
"Es, sin duda, el furor amoroso de las yeguas el más sensible de todos".
Y continúa Virgilio (en traducción castellana):
“Esta disposición se la concedió Venus misma, cuando las cuadrigas de Potnias despedazaron con sus quijadas los miembros de Glauco [Hijo de Sísifo, criador de yeguas a las que alimentaba con carne humana, en Potnias, cerca de Tebas. Para tenerlas más ligeras, las apartaba de los machos, para que no se apareasen, por lo que Venus les infundió una especie de locura que las llevó a despedazar a su propio dueño]. El amor las lleva al otro lado de los montes Gárgaros y tras las aguas del sonoroso Ascanio; escalan las montañas y cruzan a nado los ríos y, al punto que la llama penetró en sus ávidas médulas, sobre todo en primavera, porque en la primavera vuelve a los huesos el calor, vueltas todas ellas de cara al Céfiro, se están sobre las rocas altas y reciben dentro de sí los suaves vientos” (267-274).La próxima semana sabremos qué hacen las yeguas aspirando los suaves vientos.
Virgilio, en “Las Geórgicas”, describe a los seres vivientes todos, animados por el instinto de conservación de la especie, al que indistintamente llama “amor” y “furor” [furor, furia, locura]. Parece ser que son precisamente las yeguas, entre el resto de los animales, las que tienen más desarrollado ese instinto e impulso para aparearse y, en consecuencia, para garantizar la supervivencia de la especie.
En ellas no había ocurrido, como en ninguna otra especie del mundo animal, a excepción de la de los humanos, esa separación, no sabría yo decir si buena o mala, impuesta por la Cultura y la Civilización, esa separación entre el instinto de conservación de la especie (“furor”, “libido”) y el “amor”, tal como se entiende corrientemente.Muchas gracias, Soledad, amiga, por darme la oportunidad de colaborar, aunque sea modestamente, en la conservación y el mantenimiento de tu precioso espacio.
Un beso,
Antonio
Si queréis acceder al texto completo, en Castellano y en Latín, con un comentario más extenso, PINCHANDO aquí, tenéis el enlace. Mi amiga Dilaida, en su blog GROUCHO, ha hecho, hace unos meses, un buen estudio de lo que les pasaba a esas yeguas que aspiraban las suaves brisas; quedaban preñadas por el viento. Podéis leerlo PINCHANDO aquí. Muchas gracias, amiga Dilaida, por informarme.
et mentem Venus ipsa dedit, quo tempore Glauci
Potniades malis membra absumpsere quadrigae.
Illas ducit amor trans Gargara transque sonantem
Ascanium; superant montis et flumina tranant.
Continuoque auidis ubi subdita flamma medullis
(uere magis, quia uere calor redit ossibus), illae
ore omnes uersae in Zephyrum stant rupibus altis,
exceptantque leuis auras.
Elena Pascual, con su poético e inspirado blog, Elena Clásica, viene haciendo unos comentarios aquí que, por su elegancia, inspiración y autonomía, tienen derecho a vida propia, por lo que es un placer para mí incorporar también este último a la página principal:
“Cuando la fuerza de los instintos es reprimida, ésta celebra su coraje y vuela arrastrando a su paso todo obstáculo. Sean maravillosas las yeguas, sea ante todo celebrado el amor y la búsqueda de las delicias, ¿qué sería, pues, del ser viviente, si no se dejara trascender y purificar por la exquisitez?
Las yeguas se proyectarían a las esferas, si ello fuera necesario, ¿qué impiden, pues, los ríos, las ásperas montañas? Que Sísifo siga con su piedra a cuestas, pues no parece tan terrible este peso como la privación del amor, más terrible será encontrar despedazado a Glauco, pero Venus y la locura primaveral no perdonan.
Una vez más la energía indómita, la transparencia del amor entraron por todos los resquicios y llenaron este espacio, una vez más el travieso Cupido está presente y nos muestra traviesillo sus flechas como quien desconoce el objeto que porta.
Alabado sea Virgilio mil veces por el furor retratado y que este blog siga inundando de amor y belleza cada momento, pues entonces hasta el mismo Sisifo será un feliz "empujapiedras".
Este espacio es un encanto y la mano sabia de quien lo guía con fuerza, encanto y armonía conmueve mi ánimo con palabras latinas.
Muchas gracias por tu dedicación y amabilidad,
Antonio Querido.
Un besito.
Ἑλένη (Gracias mil veces)”




























































































Caravaggio, The Lute Player. The Hermitage, St. Petersburg
Carl Dobsky: Sunday Morning.













