ANTONIO MARTÍN ORTIZ: DICTA LATINA (Geórgicas)
ANTONIO MARTÍN ORTIZ
EN ESTA POSICIÓN ME HE PASADO LA MAYOR PARTE DE MI VIDA.
AQUÍ Y ASÍ ME TENÉIS.

Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci.
OMNE TVLIT PVNCTVM QVI MISCVIT VTILE DVLCI.
(Q. Horatius Flaccus, Epistula ad Pisones, 343)
Ganó todo mérito el que mezcló lo útil con lo agradable.

VERANO DE 1964 EN SAINT CIERS DU TAILLON [Charente Maritime], Francia

<strong>VERANO DE 1964 EN <em>SAINT CIERS DU TAILLON [Charente Maritime], Francia</em></strong>
Mi padre [R.I.P.], un amigo (Josep Ma. Riba i Armenter [R.I.P.]), mi hermana Simona, yo mismo, mi hermana Rosario,
mi hermano Pepe, mi madre [R.I.P.], otro amigo (Josep Amiell):
PATRI MATRIQVE MEIS IN MEMORIAM: Descansen en Paz los dos juntos
.
"Cuando uno ha perdido a su padre y a su madre, se ha quedado sin referencia al pasado".
(Frase mía, que yo, como bien nacido, les dedico a quienes me dieron la Vida y me abrieron el Camino para ser Feliz)
A mí, lo mismo que a Ovidio (Tristia, I, III, 4):
Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
Todavía ahora se me resbala una lágrima de los ojos, los míos.

Recojo y comparto la frase, más optimista, de mi amigo Carlos Hernández, Chacien: ”Lo que en verdad mata es el olvido”.
No es mi caso, porque yo, estas cosas, no las olvido.

EQUITACIÓN AL SON DE POLCAS VIENESAS

Si quieres disfrutar de la maravilla de ver a los caballos de la Escuela Española de Equitación de Viena danzando al son de las polcas de los Strauss,
PINCHA EN UNO DE LOS ENLACES SIGUIENTES:

1) Spanish Riding School Vienna
2) Spanische Hofreitschule
3) Beliebte Annen-Polka
4) Best Equestrian Art School of Europe 251107.
Ejercicios de doma de caballos
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martes, 5 de mayo de 2009

SCILICET ANTE OMNIS FVROR EST INSIGNIS EQVARVM [ES, SIN DUDA, EL FUROR AMOROSO DE LAS YEGUAS EL MÁS SENSIBLE DE TODOS]

Ayer dejé un comentario en el “locus amoenus” de mi gran amiga, Soledad Sánchez M., que, por su interés, también considero oportuno dejarlo aquí, acompañado de algunas imágenes y del texto latino correspondiente.

Nuestra Soledad, que tanto cuida su “locus amoenus”, le ha dado nuevo aspecto a su jardín, más primaveral, y nos ha regalado hoy otro bonito verso de Virgilio que merece un comentario por parte mía:

“Scilicet ante omnis furor est insignis equarum”
(Geórgicas, III, 266).

"Es, sin duda, el furor amoroso de las yeguas el más sensible de todos".

Y continúa Virgilio (en traducción castellana):


“Esta disposición se la concedió Venus misma, cuando las cuadrigas de Potnias despedazaron con sus quijadas los miembros de Glauco [Hijo de Sísifo, criador de yeguas a las que alimentaba con carne humana, en Potnias, cerca de Tebas. Para tenerlas más ligeras, las apartaba de los machos, para que no se apareasen, por lo que Venus les infundió una especie de locura que las llevó a despedazar a su propio dueño]. El amor las lleva al otro lado de los montes Gárgaros y tras las aguas del sonoroso Ascanio; escalan las montañas y cruzan a nado los ríos y, al punto que la llama penetró en sus ávidas médulas, sobre todo en primavera, porque en la primavera vuelve a los huesos el calor, vueltas todas ellas de cara al Céfiro, se están sobre las rocas altas y reciben dentro de sí los suaves vientos” (267-274).

La próxima semana sabremos qué hacen las yeguas aspirando los suaves vientos.

Virgilio, en “Las Geórgicas”, describe a los seres vivientes todos, animados por el instinto de conservación de la especie, al que indistintamente llama “amor” y “furor” [furor, furia, locura]. Parece ser que son precisamente las yeguas, entre el resto de los animales, las que tienen más desarrollado ese instinto e impulso para aparearse y, en consecuencia, para garantizar la supervivencia de la especie.

En ellas no había ocurrido, como en ninguna otra especie del mundo animal, a excepción de la de los humanos, esa separación, no sabría yo decir si buena o mala, impuesta por la Cultura y la Civilización, esa separación entre el instinto de conservación de la especie (“furor”, “libido”) y el “amor”, tal como se entiende corrientemente.

Muchas gracias, Soledad, amiga, por darme la oportunidad de colaborar, aunque sea modestamente, en la conservación y el mantenimiento de tu precioso espacio.

Un beso,

Antonio

Si queréis acceder al texto completo, en Castellano y en Latín, con un comentario más extenso, PINCHANDO aquí, tenéis el enlace.

Mi amiga Dilaida, en su blog GROUCHO, ha hecho, hace unos meses, un buen estudio de lo que les pasaba a esas yeguas que aspiraban las suaves brisas; quedaban preñadas por el viento. Podéis leerlo PINCHANDO aquí. Muchas gracias, amiga Dilaida, por informarme.

Scilicet ante omnis furor est insignis equarum;
et mentem Venus ipsa dedit, quo tempore Glauci
Potniades malis membra absumpsere quadrigae.
Illas ducit amor trans Gargara transque sonantem
Ascanium; superant montis et flumina tranant.
Continuoque auidis ubi subdita flamma medullis
(uere magis, quia uere calor redit ossibus), illae
ore omnes uersae in Zephyrum stant rupibus altis,
exceptantque leuis auras.


Elena Pascual, con su poético e inspirado blog, Elena Clásica, viene haciendo unos comentarios aquí que, por su elegancia, inspiración y autonomía, tienen derecho a vida propia, por lo que es un placer para mí incorporar también este último a la página principal:

“Cuando la fuerza de los instintos es reprimida, ésta celebra su coraje y vuela arrastrando a su paso todo obstáculo. Sean maravillosas las yeguas, sea ante todo celebrado el amor y la búsqueda de las delicias, ¿qué sería, pues, del ser viviente, si no se dejara trascender y purificar por la exquisitez?
Las yeguas se proyectarían a las esferas, si ello fuera necesario, ¿qué impiden, pues, los ríos, las ásperas montañas? Que Sísifo siga con su piedra a cuestas, pues no parece tan terrible este peso como la privación del amor, más terrible será encontrar despedazado a Glauco, pero Venus y la locura primaveral no perdonan.

Una vez más la energía indómita, la transparencia del amor entraron por todos los resquicios y llenaron este espacio, una vez más el travieso Cupido está presente y nos muestra traviesillo sus flechas como quien desconoce el objeto que porta.

Alabado sea Virgilio mil veces por el furor retratado y que este blog siga inundando de amor y belleza cada momento, pues entonces hasta el mismo Sisifo será un feliz "empujapiedras".

Este espacio es un encanto y la mano sabia de quien lo guía con fuerza, encanto y armonía conmueve mi ánimo con palabras latinas.

Muchas gracias por tu dedicación y amabilidad,
Antonio Querido.

Un besito.

Ἑλένη (Gracias mil veces)”

martes, 14 de abril de 2009

FELIX QVI POTVIT RERVM COGNOSCERE CAVSAS [AFORTUNADO EL QUE HA PODIDO CONOCER LAS CAUSAS DE LAS COSAS]

Nuestra amiga Soledad Sánchez M., como es costumbre en ella, nos ha regalado esta semana un muy significativo verso de Virgilio. Viene siendo también mi costumbre hacer un pequeño comentario filológico de ese verso. Aquí lo tenéis, tal como lo he dejado en su espacio, añadiendo algunas imágenes que harán más amena su lectura. Podéis entrar en su espacio y disfrutar de sus poemas pinchando aquí


Paso a comentar, muy gustosamente, el verso de “Las Geórgicas” de Virgilio, con el que ha adornado esta semana nuestra querida Soledad Sánchez M. su “locus amoenus”. Dice así:

8. Felix qui potuit rerum cognoscere causas (II, 490).

"Afortunado el que ha podido conocer las causas de las cosas"

Y prosigue Virgilio:

Atque metus omnis et inexorabile fatum
subiecit pedibus strepitumque Acherontis auari (II, 491-2).


"Y puso bajo sus pies los temores todos, la cree
ncia en un destino inexorable y el estrepitoso ruido del Aqueronte avaro”.


Es una clara referencia al libro que había publicado, hacía unos veinte años, el epicúreo Lucrecio, “De rerum natura” [Sobre la naturaleza de las cosas, Sobre la Realidad]. El libro de Lucrecio es el primer ataque directo contra las creencias en los dioses y los temores de ultratumba. Todo es materia y todo puede reducirse a la materia, incluidas las emociones y los sentimientos. No hay que tenerles miedo a los dioses, ni pánico a sus castigos. Los dioses no existen. Sólo existe la materia. Si conocemos las causas de la Realidad, las fuerzas que se mueven en la Naturaleza, los dioses sobran: no hay lugar para ellos, porque con ese conocimiento podemos sentirnos seguros, sin que tengamos que atenernos a las veleidades de los dioses.


La filosofía materialista de Lucrecio, a quien sigue aquí Virgilio, le inspira estos versos de índole filosófica e irreligiosa, negando la existencia del Infierno, donde corre el Aqueronte, que no permite que se le vuelva a pasar, o que no devuelve la presa, por lo que merece el calificativo de “avaro”.


Es que Virgilio, leyendo el “De rerum natura” de Lucrecio, había entrado en contacto con la doctrina de Epicuro, unos diez años antes de comenzar “Las Geórgicas”, allá por el 50 ó 49 aC, de la mano del maestro Sirón, en Nápoles.

Lucrecio, transmitiendo la doctrina de Epicuro, negaba la existencia de los dioses y nos prevenía contra esos miedos infundados sobre la ultratumba.

Pero Virgilio no era un epicúreo: el Epicureísmo pasó por su pensamiento de forma fugaz. Veremos la próxima semana que rápidamente Virgilio reacciona él mismo contra estas ideas materialistas y regresa a la creencia en los dioses.


Una semana es lo que tardó Virgilio en reaccionar contra esa especie de impiedad, si tenemos en cuenta el ritmo de su composición, y una semana es lo que tardaremos nosotros en darnos cuenta de que ese episodio en el pensamiento de Virgilio fue fugaz y sin que ensombreciese el resto de la obra, porque “Las Geórgicas” rezuman culto y respeto a las divinidades y una empatía con los seres vivos todos.


Como he dicho, la idea de que todo puede reducirse a la materia no podía encajar ni en una mente con la “religiosidad” de Virgilio, ni en una obra animada toda ella de vida y empatía al resto de los seres animados.


Para que el lector pueda comprobar por sí mismo el ateísmo de Lucrecio, cito a continuación unos versos suyos.


“Mas me temo mucho en esto que te digo, no sea que pienses acaso que te inicio yo en los principios de la razón y en el camino del crimen; porque, por el contrario, esa religión muchas veces dio lugar a criminales e impías acciones, a la manera que en Áulide mancillaron el altar de la Trivia [Ártemis] de forma vergonzosa con la sangre de Ifianasa [Ifigenia, la hija de Agamenón, que, por exigencia de Ártemis, debía ser sacrificada para conseguir vientos favorables en su expedición a Troya] los escogidos jefes de los Dánaos [es decir, los Griegos, incluido su padre Agamenón], los mejores de los guerreros”.
(Sobre la naturaleza de las cosas, I: 80-86)





[Illud in his rebus uereor, ne forte rearis
impia te rationis inire elementa uiamque
indugredi sceleris. Quod contra saepius illa
religio peperit scelerosa atque impia facta.
Aulide quo pacto Triuiai uirginis aram
Iphianassai turparunt sanguine foede
ductores Danaum delecti, prima virorum].
(De rerum natura, I: 80-86)


OBSERVACIÓN FINAL:

He dicho yo que Virgilio, que tenía una religiosidad profunda, había tenido un episodio pasajero de ateísmo y materialismo al escribir este verso. En efecto, hace referencia directamente al “De rerum natura” (Sobre la naturaleza de las cosas, Sobre la realidad) de Lucrecio, el primero que se encaró directamente y de forma decidida contra la creencia en los dioses.

Eso puede comprobarse por la posición en el verso de la palabra clave, que es “rerum” (de las cosas, de la realidad). Esa palabra está en el título de la obra de Lucrecio.

Uno hubiese esperado que Virgilio escribiese:

“Felix qui rerum potuit cognoscere causas”,
en lugar de:
"Felix qui potuit rerum cognoscere causas"
adelantando la palabra “rerum” y dándole una posición de preferencia. Eso, en cuanto a la forma, encajaría mejor con el orden de las palabras del Latín Clásico y también con el mismo Virgilio. Sería un verso igualmente perfecto, casi más solemne que el que escribió Virgilio. No soy yo nadie para corregir a Virgilio, que no necesita que nadie le corrija.

Resulta que Virgilio, de una forma consciente, desplazó a una posición de menor relevancia la palabra “rerum”, lo que significa que él era consciente de que su ateísmo y materialismo eran pasajeros, como ya dije. Y es que, como he dicho varias veces, “Las Geórgicas” alcanzan la perfección absoluta, en la forma y en el contenido. Todo está donde tiene que estar y como tiene que estar. Ni sobra ni falta nada y todo está en su lugar.

Es un detalle tan mínimo que no sería necesario comentar, pero lo hago para poner de relieve, una vez más, lo sublime y la perfección de “Las Geórgicas”. En efecto, no se ha escrito nada mejor en Latín en los mil quinientos años de pervivencia de dicha lengua.










martes, 24 de marzo de 2009

NVDVS ARA, SERE NVDVS: HIEMS IGNAVA COLONO (ARA DESNUDO [= en verano], SIEMBRA DESNUDO: EL INVIERNO ES PEREZOSO PARA EL CAMPESINO)

Como viene siendo costumbre en ella, nuestra querida Soledad

http://soledadsanchezm.blogspot.com/

nos pone, en la cabecera de su “locus amoenus”, y de una forma metódica, uno o unos versos extraídos de “Las Geórgicas” de Virgilio, obra que es la culminación del Arte Clásico en su forma escrita. “Las Geórgicas” alcanzan la categoría de lo sublime. En Lengua Latina no se ha escrito nada que se le pueda comparar. Nos ha regalado esta semana, con el buen tiempo que hace ya, y en el contexto de esas impresionantes amapolas de Klimt y la música de fondo de “La Primavera” de “Las Estaciones” de Haydn y de Vivaldi, acompañado todo ello de la musicalidad armónica de sus versos, el siguiente verso (I, 299), como si fuera su amapola “elegida”, la “elegida” de esta semana:
“Nudus ara, sere nudus: hiems ignaua colono”
(Ara desnudo [= en verano], siembra desnudo: el invierno es perezoso para el campesino).
Sigo con mi costumbre de hacer un pequeño comentario, tarea que es una de las más agradables que hago durante la semana. Quiere decir Virgilio que las tareas del campo hay que hacerlas cuando el tiempo lo permita, es decir, cuando el agricultor pueda andar y moverse desnudo, simplemente vestido con el ceñidor. Aquí hay por lo menos dos cosas que resaltar:

Que la desnudez era concebida por los Romanos de forma diferente a como la interpretamos nosotros. No le tenían miedo a la desnudez y no sentían pudor ni vergüenza al ir a las termas o al gimnasio desnudos. En realidad esta última palabra procede del Griego “gymnós”, que significa “desnudo”. Y es que las labores del campesino son muy duras y sólo se pueden realizar con el buen tiempo. El invierno lo dedicaban a preparar o reparar los utensilios que utilizarían posteriormente en sus labores agrícolas. Y a convivir con la familia y a disfrutar de la satisfacción del deber cumplido. Sensaciones ésas que son las que se perciben cuando uno escucha “EL OTOÑO” y “EL INVIERNO” del grandioso Oratorio de Franz Joseph Haydn, "LAS ESTACIONES”, del que ahora nuestra Soledad nos deleita con “LA PRIMAVERA”.
Es que el trabajo fuera de casa para los Romanos empezaba con el buen tiempo. En el primitivo calendario romano el año empezaba en Marzo y terminaba en Diciembre, porque "Diciembre" significa “el décimo mes”, al igual que “Septiembre” significa “el séptimo”. Durante el invierno era como si los meses no pasasen. Fue más adelante cuando añadieron el mes de Enero, dedicado al dios “Ianus” (Jano), el de las dos caras, y el de "Febrero" que en Latín se relaciona con “Februa”, que significa “Purificaciones”. Y es que dedicaban ese mes para hacer toda clase de ceremoniales con la finalidad de que los dioses y diosas fuesen propicios con ellos en las tareas que se iniciarían con la llegada del buen tiempo. El mismo ejército se retiraba, durante el invierno, de las guerras y se recogía en sus ”hiberna”, es decir, en los cuarteles de invierno.

Me vais permitir, aún a riesgo de resultar demasiado extenso y pesado, recordar los versos que preceden y siguen al que estamos comentando.
“Muchos trabajos se presentan más hacederos durante la noche fresca, o cuando el lucero matutino cubre las tierras de rocío al salir el sol. Por la noche se siegan mejor las cañas sin espiga, por la noche los secos prados; no falta en las noches la suavizante humedad. Otro vela también las noches junto al fuego de invernal candela y talla en forma de espiga las teas con un hierro aguzado. Mientras tanto, aliviando su esposa con el canto la larga tarea, recorre la tela con el resonante peine, o cociendo al fuego el dulce mosto, le suprime el agua y espuma con hojas la superficie líquida de la trepidante caldera.

Mas el dorado trigo se corta con los calores fuertes y con los calores fuertes trilla la era las tostadas mieses.
Ara desnudo, siembra desnudo: el invierno es perezoso para el campesino.
Durante los fríos disfrutan ordinariamente los labradores de lo que allegaron y con alegría se regalan entre ellos con festines. Les invita el regocijante invierno y les alivia los cuidados. A la manera que, cuando las naves cargadas han tocado ya puerto, colocan alegres los marineros coronas en la popa. A pesar de esto, es también la ocasión entonces de varear las bellotas de la encina y las bayas del laurel y la oliva y el fruto, rojo como sangre, de los mirtos; de tender lazos a las grullas y redes a los ciervos y de perseguir a las libres orejudas; es el momento de herir a los gamos, restallando en el aire la cuerda de estopa de la honda baleárica, cuando la nieve yace en ventisqueros y los ríos arrastran témpanos de hielo”.
(Geórgicas, I, 288-310, en traducción, con algún retoque, de Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).
Y es que a uno, a mí, por ejemplo, después de leer esto, me entran ganas de trasladarme a EL CABACO, en Salamanca, con el deshielo ya incipiente, y escuchar el cantar de los pájaros, y el fluir de los arroyos, al tiempo que percibo el perfume de las amapolas de , y percibo, al leerlos, la música de los versos de esta nueva Musa que se llama Soledad.

Multa adeo gelida melius se nocte dedere
aut cum sole nouo terras inrorat Eous.
Nocte leues melius stipulae, nocte arida prata
290
tondentur, noctes lentus non deficit umor.
Et quidam seros hiberni ad luminis ignis
peruigilat ferroque faces inspicat acuto.
interea longum cantu solata laborem
arguto coniunx percurrit pectine telas,
295
aut dulcis musti Uolcano decoquit umorem
et foliis undam trepidi despumat aëni.
At rubicunda Ceres medio succiditur aestu
et medio tostas aestu terit area fruges.
Nudus ara, sere nudus. hiems ignaua colono:
300
frigoribus parto agricolae plerumque fruuntur
mutuaque inter se laeti conuiuia curant.
Inuitat genialis hiems curasque resoluit,
ceu pressae cum iam portum tetigere carinae,
puppibus et laeti nautae imposuere coronas.
305
Sed tamen et quernas glandes tum stringere tempus
et lauri bacas oleamque cruentaque myrta,
tum gruibus pedicas et retia ponere ceruis
auritosque sequi lepores, tum figere dammas
stuppea torquentem Balearis uerbera fundae,
310
cum nix alta iacet, glaciem cum flumina trudunt.


lunes, 16 de marzo de 2009

“Prima Ceres ferro mortalis uertere terram instituit” (Geórgicas).“Fue Ceres la primera que enseñó a los hombres a remover la tierra con el arado"

Nuestra amiga Soledad Sánchez M.:

http://soledadsanchezm.blogspot.com/

nos viene regalando, de unas semanas acá, unos bonitos versos de “Las Geórgicas” de Virgilio, que yo tengo la costumbre de comentar. En su espacio, un “locus amoenus”, podéis encontrar el comentario que transcribo aquí, tal cual, añadiendo el texto Latino. Allí encontraréis al ambiente propicio para goce y disfrute de la cita, porque está acompañado de un hermoso poema suyo, una música celestial, y una bucólica pintura de Klimt.

Paso a comentar la joya de frase de “Las Geórgicas” que nos ha regalado esta semana nuestra amiga Soledad, en su “locus amoenus”, porque este espacio es más y más atractivo cada día. Ahora tenemos un magnífico paisaje, una arboleda de Klimt, por la que nos podemos pasear al son de las notas de la Novena Sinfonía de Beethoven, con la Oda a La Alegría de Schiller de fondo, al tiempo que disfrutamos de la beatitud y tranquilidad bucólica que nos transmite el poema de Soledad, que acompaña generosamente a este cúmulo de sensaciones.

A mí, que me eduqué entre los Clásicos Griegos y Latinos, el lindo poema de nuestra Soledad me transmite resonancias de Homero, que insistentemente les llamaba “aladas” a las palabras, palabras sencillas que eran las suyas, porque procedían del pueblo, como “sencillas” les llama Soledad a sus palabras, que, me imagino, proceden de lo más noble de su espíritu. Y es que la sencillez es una cualidad. Y no suele abundar por estos mundos intelectuales.

No puede uno imaginarse mejor espacio y ambiente para comentar unos versos de esa obra tan dedicada al campo y a la vida y al trabajo al aire libre, como son “Las Geórgicas”.

Decíamos, decía nuestra Soledad, hace unas cuantas semanas, al comienzo de esta serie:

“Labor omnia uicit improbus et duris urgens in rebus egestas” (Geórgicas, I, 145-6).
“Todo lo ha vencido el trabajo ímprobo, y la pobreza que apremia en las condiciones duras”.

Sigue Virgilio con los versos de esta semana:

“Prima Ceres ferro mortalis uertere terram instituit” (Geórgicas, I, 147-8).
“Fue Ceres la primera que enseñó a los hombres a remover la tierra con el arado”.

Es el paso de la Edad de Oro de Ovidio, en la que la Naturaleza nos lo daba todo, sin esfuerzo ninguno por nuestra parte, a la Edad de Plata, en la que se nos dio el trabajo como herramienta para superar todas nuestras desgracias. Es la expulsión del Paraíso Terrenal. Pasamos de un mundo gobernado por Cronos (Saturno) a un mundo regido por Zeus (Júpiter).

Y prosigue inmediatamente Virigilio:

“... cuando ya empezaban a faltar las bellotas y los madroños del sagrado bosque y Dodona [Dodona, en El Epiro, comarca de Grecia donde había extensos bosques de encinas, cuyo fruto, la bellota, al decir de los poetas, fue la primera comida de los hombres] negaba su alimento. Después también el trigo sufrió nuevo castigo: el anubio nocivo [hongo parásito del trigo] que consume las espigas y el pelado cardo que se eriza sobre los campos. Perecen los sembrados y crece en su lugar la áspera maleza, el lampazo y el abrojo, y en medio de vistosas mieses sobresalen la cizaña estéril y las avenas locas. Por lo tanto, si no persigues sin tregua la hierba con los rastros y espantas con ruidos a las aves, levantas, guadaña en mano, el tapiz que cubre el campo e invocas con súplicas la lluvia, ¡ay!, en vano contemplarás el grueso montón de trigo ajeno y tendrás que acallar solitario el hambre, sacudiendo la encina de los bosques”.
(Geórgicas, I, 148-159, en traducción de Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).


……………
cum iam glandes atque arbuta sacrae
deficerent siluae et uictum Dodona negaret.
150
Mox et frumentis labor additus, ut mala culmos
esset robigo, segnisque horreret in aruis
carduus: intereunt segetes, subit aspera silua
lappaeque tribolique, interque nitentia culta
infelix lolium et steriles dominantur auenae.
155
Quod nisi et adsiduis herbam insectabere rastris,
et sonitu terrebis auis, et ruris opaci
falce premes umbras uotisque uocaueris imbrem,
heu magnum alterius frustra spectabis aceruum
concussaque famem in siluis solabere quercu.

Y es que los dioses y diosas de la Mitología Clásica tenían cada uno, como los humanos, una función: Afrodita (Venus) se encargaba de los amores y también de los amoríos; Ares (Marte), de las matanzas y guerras; Zeus (Júpiter) lo presidía todo; Hefesto (Vulcano) se cuidaba de la forja de los metales con el fuego; Las Nueve Musas inspiraban a los poetas; Poseidón (Neptuno) era el rey de los mares; Hades (Plutón) reinaba en el Mundo Inferior, en los Infiernos, en el mundo de los Espectros y las Sombras.

La Romana Ceres (su equivalente entre los Griegos es Deméter) es, entre otras cosas, la diosa de la agricultura, la diosa maternal de la Tierra, la que hace que la Naturaleza sea fecunda, que los árboles den frutos y los sembrados sonrían al agricultor, con generosas mieses. No olvidemos que en nuestra lengua la palabra “cereal”, base fundamental de la alimentación de los primeros hombres, etimológicamente se relaciona con Ceres. Es la divinidad de la tierra cultivada, es esencialmente la diosa del trigo. Sus leyendas se han desarrollado en todas las regiones helénicas en las que prospera este cereal.

En el mito, Ceres (Deméter) se halla íntimamente relacionada con su hija Prosérpina [Sí, es esdrújula, aunque generalmente se pronuncie como llana] (Perséfone), que fue raptada, para hacer de ella su consorte, por su tío Plutón (Hades), lo que dio origen a las Cuatro Estaciones. Pero eso es ya otra historia. Me quedo aquí, porque, como me decía una buena amiga, “todo llegará”.


martes, 10 de marzo de 2009

ANTE IOVEM NVLLI SVBIGEBANT ARVA COLONI [ANTES DEL TIEMPO DE JÚPITER, NINGÚN LABRADOR CULTIVABA LOS CAMPOS]. LAS EDADES MÍTICAS



Gustosamente hago el comentario de la frase de Las Geórgicas que nos ha regalado hoy nuestra amiga Soledad:

http://soledadsanchezm.blogspot.com/

“ Ante Iouem nulli subigebant arua coloni” (I, 125).
"Antes del tiempo de Júpiter, ningún labrador cultivaba los campos"
".

La Mitología Clásica distingue cinco etapas o Edades en la vida de los mortales humanos y los dioses inmortales, pues, como sabéis, los dioses, aunque son inmortales, nacen un poco al tiempo que los hombres, aunque originariamente son los dioses, y en especial la madre Tierra, los que dan vida a los hombres. Esas cinco etapas o Edades van en un proceso degenerativo, es decir, siempre es peor la siguiente que la anterior.

Hesíodo, poeta griego del siglo VIII/VII aC, en su obra “Los Trabajos y los Días” (versos 106-201, precedente importante y primero de Las Geórgicas, nos describe las cinco Edades. Resumidamente son:

1: Edad de Oro. Bajo el reinado de Cronos (el Saturno Romano) vivíamos en una especie de Paraíso terrenal, donde la tierra lo producía todo, sin necesidad de esfuerzo por parte nuestra. Los hombres eran todos justos y buenos. No existía ninguna de las calamidades que agobian al género humano.

2: Edad de Plata. Zeus (el Júpiter de los Romanos), después de destronarlo, ha enviado a su padre Saturno al Tártaro y se ha hecho con el poder sobre el Olimpo y la Tierra. Aquí empiezan las desgracias para el género humano. Desde entonces el hombre tiene que trabajar para ganarse el sustento y la Justicia y la Bondad han desaparecido de la tierra.

3: Edad de Bronce. Es peor que la anterior. Correspondería a la época en la que hubo ya guerras entre los humanos. No olvidemos que las primeras armas fueron de bronce. Correspondería, más o menos, a la Guerra de Troya.

4. Edad de los Héroes. La que corresponde a la existencia de los grandes Héroes de la Mitología: Hércules, Aquiles, Edipo, Agamenón, Menalao, Filoctetes, Príamo, etc.

5. Edad de Hierro. Es la última de todas y es la actual, la que teóricamente vivimos ahora.

Ovidio, en sus Metamorfosis (I, 89-150) también nos describe las Edades, pero en su caso son cuatro: No menciona la Edad de los Héroes, que queda fusionada con la de Bronce.

Son los dos únicos autores antiguos que nos hacen una descripción detallada de las Edades Míticas. Los demás las tienen en cuenta, como Virgilio, y las citan de pasada. Es lo que pasa con esos versos que nos ha regalado Soledad, que explican la transición de la Edad de Oro a la Edad de Plata. No es necesario más comentario mío. Aquí tenéis el texto completo, texto que comienza con la frase de esta semana, y termina con la de hace dos semanas.

“Labor omnia uicit improbus et duris urgens in rebus egestas” (I,145-6)
"Todo lo ha vencido el trabajo ímprobo, y la pobreza que apremia en las condiciones duras".

““Antes del tiempo de Júpiter, ningún labrador cultivaba los campos”, ni era lícito tampoco amojonar ni dividir un campo por linderos; disfrutaban en común la tierra y ésta producía por sí misma de todo con más liberalidad sin pedirlo nadie. Él fue quien puso la ponzoña venenosa en las negras serpientes y ordenó a los lobos hacer presa y a removerse el mar y sacudió la miel de las hojas y ocultó el fuego y secó los arroyos de vino, que corría por doquier, con el fin de que la necesidad, por el continuo ejercicio, originase poco a poco variedad de artes y en los surcos buscase la planta del trigo e hiciese brotar de las venas del pedernal el escondido fuego. Entonces los ríos, por primera vez, sintieron sobre sí los troncos excavados del aliso, entonces el marinero redujo a número los astros y les dio los nombres de Pléyades, Híades, y la brillante Osa, hija de Licaón. Entonces se inventó cazar a lazo a las fieras, engañar a los pájaros con liga y cercar de perros las espesas selvas. Ya un segundo, escudriñando el hondo, hiere con la red el anchuroso río y otro arrastra por el mar los mojados linos. De entonces data el hierro rígido y la sierra de sonido agudo, pues los primeros hombres hendían con cuñas la fibrosa madera. Entonces aparecieron los variados oficios. "Todo lo ha vencido el trabajo ímprobo, y la pobreza que apremia en las condiciones duras"” (Virgilio, Geórgicas, I, 125-162).

(Traducción, con algún retoque, de Tomás de la Ascensión Recio García y Arturo Soler Ruiz).

Tenéis a continuación el texto en Latín, por si le interesa a alguien.

[125
Ante Iouem nulli subigebant arua coloni;
ne signare quidem aut partiri limite campum
fas erat: in medium quaerebant, ipsaque tellus
omnia liberius nullo poscente ferebat.
Ille malum uirus serpentibus addidit atris
130
praedarique lupos iussit pontumque moueri,
mellaque decussit foliis ignemque remouit
et passim riuis currentia uina repressit,
ut uarias usus meditando extunderet artis
paulatim et sulcis frumenti quaereret herbam,
135
ut silicis uenis abstrusum excuderet ignem.
Tunc alnos primum fluuii sensere cauatas;
nauita tum stellis numeros et nomina fecit
Pleiadas, Hyadas, claramque Lycaonis Arcton;
tum laqueis captare feras et fallere uisco
140
inuentum et magnos canibus circumdare saltus;
atque alius latum funda iam uerberat amnem
alta petens, pelagoque alius trahit umida lina;
tum ferri rigor atque argutae lammina serrae
- nam primi cuneis scindebant fissile lignum -
145
tum uariae uenere artes. Labor omnia uicit
improbus et duris urgens in rebus egestas].





Incluyo a continuación el texto íntegro de Las Cuatro Edades, que nos explica Ovidio en el libro primero de Las Metamorfosis, además de La Gigantomaquia que está íntimamente relacionada con ellas. La traducción es de Antonio Ruiz de Elvira.

EDAD DE ORO (Metamorfosis, I, 89-112)

La edad de oro fue la creada en primer lugar, edad que sin autoridad y sin ley, por propia iniciativa, cultivaba la lealtad y el bien. No existían el castigo ni el temor, ni se fijaban, grabadas en bronce, palabras amenazadoras, ni las muchedumbres suplicantes escrutaban temblando el rostro de sus jueces, sino que sin autoridades vivían seguros. Ningún pino, cortado para visitar un mundo extranjero, había descendido aún de sus montañas a las límpidas aguas, y no conocían los mortales otras playas que las suyas. Todavía no estaban las ciudades ceñidas por fosos escarpados; no había trompetas rectas ni trompas curvas de bronce, ni cascos, ni espadas: sin necesidad de soldados los pueblos pasaban tranquilos y en medio de suave calma. También la misma tierra, a quien nada se exigía, sin que la tocase el azadón ni la despedazase reja alguna, por sí misma lo daba todo; los hombres, contentos con alimentos producidos sin que nadie los exigiera, cogían los frutos del madroño, las fresas de las montañas, las cerezas del cornejo, las moras que se apiñan en los duros zarzales, y las bellotas que habían caído del copudo árbol de Júpiter.

Había una primavera eterna, y apacibles céfiros de tibia brisa acariciaban a flores nacidas sin simiente. Pero además la tierra, sin labrar, producía cereales, y el campo, sin que se le hubiera dejado en barbecho, emblanquecía de espigas cuajadas de grano. Corrían también ríos de leche, ríos de néctar, y rubias mieles goteaban de la encina verdeante.

AVREA AETAS (89-112)

Aurea prima sata est aetas, quae uindice nullo,
90
sponte sua, sine lege fidem rectumque colebat.
Poena metusque aberant, nec uerba minantia fixo
aere legebantur, nec supplex turba timebat
iudicis ora sui, sed erant sine uindice tuti.
Nondum caesa suis, peregrinum ut uiseret orbem,

95
montibus in liquidas pinus descenderat undas,
nullaque mortales praeter sua litora norant;
nondum praecipites cingebant oppida fossae;
non tuba derecti, non aeris cornua flexi,
non galeae, non ensis erat: sine militis usu

100
mollia securae peragebant otia gentes.
Ipsa quoque inmunis rastroque intacta nec ullis
saucia uomeribus per se dabat omnia tellus,
contentique cibis nullo cogente creatis
arbuteos fetus montanaque fraga legebant

105
cornaque et in duris haerentia mora rubetis
et quae deciderant patula Iouis arbore glandes.
Ver erat aeternum, placidique tepentibus auris
mulcebant zephyri natos sine semine flores;
mox etiam fruges tellus inarata ferebat,

110
nec renouatus ager grauidis canebat aristis;
flumina iam lactis, iam flumina nectaris ibant,


flauaque de uiridi stillabant ilice mella










EDAD DE PLATA (113-124)

Una vez que, después de haber sido Saturno precipitado al Tártaro tenebroso, el mundo estuvo sometido a Júpiter, llegó la generación de plata, peor que el oro, pero más valiosa que el rubicundo bronce. Júpiter empequeñeció la duración de la primavera antigua, haciendo que el año transcurriese, dividido en cuatro tramos, a través de inviernos, veranos, otoños inseguros y fugaces primaveras. Entonces por primera vez el aire, encendido por tórridos calores, se puso candente, y quedó colgante el hielo producido por los vientos. Entonces por primera vez penetraron los hombres bajo techado; sus casas fueron las cuevas, los espesos matorrales y las ramas entrelazadas con corteza de troncos. Entonces por vez primera fueron las semillas de Ceres enterradas en largos surcos y gimieron los novillos bajo la opresión del yugo.

ARGENTEA AETAS (113-124)


Postquam Saturno tenebrosa in Tartara misso
sub Ioue mundus erat, subiit “argentea proles”,
115
auro deterior, fuluo pretiosior aere.
Iuppiter antiqui contraxit tempora ueris
perque hiemes aestusque et inaequalis autumnos
et breue uer spatiis exegit quattuor annum.
tum primum siccis aer feruoribus ustus
120
canduit, et uentis glacies adstricta pependit;
tum primum subiere domos; domus antra fuerunt
et densi frutices et uinctae cortice uirgae.
Semina tum primum longis Cerealia sulcis
obruta sunt, pressique iugo gemuere iuuenci.













EDAD DE BRONCE Y EDAD DE HIERRO (125-150)

Tras ésta apareció en tercer lugar la generación de bronce, más cruel de carácter y más inclinada a las armas salvajes, pero no por eso criminal. La última es de duro hierro; de repente irrumpió toda clase de perversidades en una edad de más vil metal; huyeron la honradez, la verdad, la buena fe, y en su lugar vinieron los engaños, las maquinaciones, las asechanzas, la violencia y la criminal pasión de poseer. Desplegaban las velas a los vientos, sin que el navegante los conociese aún apenas, y los maderos que por largo tiempo se habían erguido en las altas montañas saltaron en las olas desconocidas, y el precavido agrimensor señaló con largas líneas las divisiones de una tierra que antes era común como los rayos del sol y como los aires. Y no sólo se exigían a la tierra opulenta cosechas y alimentos que ella debía dar, sino que se penetró en las entrañas de la tierra y se excavaron los tesoros, estímulo de la depravación, que ella habíaa escondido llevándolos junto a las sombras de la Estige. Y ya había aparecido el hierro dañino y el oro más dañino que el hierro; apareció la guerra, que combate valiéndose de ambos y con mano sangrienta blande las armas que tintinean. Se vive de la rapiña; ni un huésped puede tener seguridad de su huésped, ni un suegro de su yerno, incluso entre hermanos es rara la avenencia. El marido maquina la ruina de su esposa, y ésta la de su esposo. Madrastras horribles preparan los lívidos venenos del acónito; el hijo averigua antes de tiempo la edad de su padre.

La piedad yace derrotada, y la Virgen Astrea [La Justicia] ha abandonado, última de las divinidades en hacerlo, esta tierra empapada de sangre.

AENEA ET FERREA AETAS (125-150)

125
“Tertia post illam successit aenea proles”,
saeuior ingeniis et ad horrida promptior arma,
non scelerata tamen; “de duro est ultima ferro”.
protinus inrupit uenae peioris in aeuum
omne nefas: fugere pudor uerumque fidesque;
130
in quorum subiere locum fraudesque dolusque
insidiaeque et uis et amor sceleratus habendi.
Vela dabant uentis nec adhuc bene nouerat illos
nauita, quaeque prius steterant in montibus altis,
fluctibus ignotis insultauere carinae,
135
communemque prius ceu lumina solis et auras
cautus humum longo signauit limite mensor.
Nec tantum segetes alimentaque debita diues
poscebatur humus, sed itum est in uiscera terrae,
quasque recondiderat Stygiisque admouerat umbris,
140
effodiuntur opes, inritamenta malorum.
Iamque nocens ferrum ferroque nocentius aurum
prodierat, prodit bellum, quod pugnat utroque,
sanguineaque manu crepitantia concutit arma.
Viuitur ex rapto: non hospes ab hospite tutus,
145
non socer a genero, fratrum quoque gratia rara est;
inminet exitio uir coniugis, illa mariti,
lurida terribiles miscent aconita nouercae,
filius ante diem patrios inquirit in annos:
uicta iacet pietas, et uirgo caede madentis
150
ultima caelestum terras Astraea reliquit.





LA GIGANTOMAQUIA (151-162)

Y para que el cielo sublime no estuviese más libre de angustia que la tierra, dicen que los Gigantes aspiraron a poseer el reino celestial y que amontonaron las montañas levantándolas hasta los elevados astros. Entonces el padre todopoderoso lanzó su rayo, resquebrajó el Olimpo e hizo que el Pelio se desplomase rodando desde el Osa que lo sostenía. Mientras aquellos cuerpos feroces yacían aplastados por su propia mole, dice que la Tierra, regada y empapada de la abundante sangre de sus hijos, dio vida a aquel líquido caliente, y, para evitar que no subsistiera vestigio alguno de su estirpe, lo convirtió en figuras humanas. Pero aquella raza despreció a los dioses y fue violenta y avidísima de crueles carnicerías; bien se reconocía que de sangre habían nacido.


GIGANTOMACHIA (151-162)

Neue foret terris securior arduus aether,
adfectasse ferunt regnum caeleste gigantas
altaque congestos struxisse ad sidera montis.
Tum pater omnipotens misso perfregit Olympum
155
fulmine et excussit subiecto Pelion Ossae.
Obruta mole sua cum corpora dira iacerent,
perfusam multo natorum sanguine Terram
immaduisse ferunt calidumque animasse cruorem
et, ne nulla suae stirpis monimenta manerent,
160
In faciem uertisse hominum; sed et illa propago
contemptrix superum saeuaeque auidissima caedis
et uiolenta fuit: scires e sanguine natos.