Mi amiga, y exquisita poeta, Mayte Dalianegra publicaba ayer una traducción en verso de un poema erótico de Ovidio (Amores, I, 5). Es uno de los mejores poemas del representante del Erotismo por excelencia, que es Publius Ouidius Naso. Para demostrar que cada traducción es una interpretación, o, como dice el refrán, una traición, traduttore, traditore, porque los textos no se pueden traducir sin que se pierda algo que estaba en el original, o se añada algo que no estaba, os dejo aquí una traducción en prosa del mismo poema. Tengo que decir que ambas traducciones me parecen buenas, aunque, como es lógico, yo prefiero el original Latino.
Era el estío; el día brillaba en la mitad de su carrera, y me tendí en el lecho buscando reposar de mis fatigas. La ventana de mi dormitorio, medio abierta, dejaba penetrar una claridad semejante a la que reina en las opacas selvas, o como luce el crepúsculo cuando Febo desaparece del cielo, o la noche ha transcurrido sin presentarse el Sol todavía. Es la luz tenue que conviene a las muchachas, pudorosas, cuya timidez busca los sitios retirados.

































Caravaggio, The Lute Player. The Hermitage, St. Petersburg
Carl Dobsky: Sunday Morning.













