QVINTVS HORATIVS FLACCVS
Quinto Horacio Flaco nació en Venusia, Apulia, en el 65 aC. y murió en Roma el 8 aC. Perteneció al Círculo de Mecenas, ante quien lo introdujo Virgilio. Escribió, entre otras obras, 17 Épodos, en la década del cuarenta al treinta. Los Épodos son obras primerizas de Horacio, que escribió tomando como modelo al yambógrafo griego Arqíloco, un poeta mordaz y directo, y que sirven de preparación para sus obras posteriores, más maduras y de mayor alcance.

NACIMIENTO DE VENUS DE BOUQUEREAU
Aquí os dejo el Épodo VIII, en el que Horacio deja rienda suelta a su lengua mordaz y a sus impulsos juveniles. La obra es un buen ejemplo de lo que entendían los Romanos por Literatura: se dice lo que se piensa y se dice como se piensa. El eufemismo y el rodeo en el lenguaje es desconocido para Horacio: Ello puede comprobarse con la lectura de este Épodo.
El poema está escrito en estrofas de dos versos, compuestas de un trímetro yámbico y un dímetro yámbico

VENUS DE CNIDO
VENUS DE MILO
“¡Que, podrida por un largo siglo, me preguntes
qué enerva mis fuerzas,
cuando tienes los dientes negros y la vieja ancianidad
surca tu frente de arrugas,
y entre dos secas nalgas boquea vergonzante
el culo como el de una vaca dispéptica!
Pero me excita tu pecho y tus tetas podridas
como las ubres de una yegua,
y tu vientre blando y tus muslos flacos
pegados a hinchadas pantorrillas.
Sé feliz, que bustos triunfales
abran tu cortejo fúnebre
Y no haya esposa que pasee cargada
de perlas más pulidas.
¿Qué importa qué librillos estoicos gusten
de estar tirados en tres cojines de seda?
¿Acaso los nervios de los incultos empalman menos
o languidece menos el nabo?
Para hacerlo salir desde los altaneros huevos,
tendrás que trabajar con la boca”.
(Traducción de Bartolomé Segura, en “Antología de Poesía Erótica Latina”, EDICIONES EL CARRO DE LA NIVE, SEVILLA, 1989)

AFRODITA DE MELOS
Pedro Manuel Suárez Martínez dice en “ESTUDIOS CLÁSICOS” (Órgano de la Sociedad Española de Estudios Clásicos) (XXXVI, 105, Madrid, 1994) que el poema está dirigido a una mujer real, una vieja libidinosa, con impulsos impropios de su edad, que podría ser perfectamente la Lesbia de Catulo, es decir, la Clodia real, mujer de mundo y mucho mayor que Catulo, y que fue su amante, entre otros muchos. La tal Clodia, nombre de resonancias plebeyas, era en realidad Claudia Pulchra Tertia, de origen patricio, y que había renunciado a su nombre original, para parecer más plebeya. Viuda, tras la muerte sospechosa de su segundo marido, se dedicó a llevar una vida desordenada y entregada a la "libido". La sospecha era que su segundo marido había sido envenenado por ella. Es Cicerón quien más detalles nos da de su vida. Si queréis leer el estudio completo, podéis hacerlo pinchando aquí.
QVINTUS HORATIVS FLACCVS (Museum of Fine Arts de Boston)
Rogare longo putidam te saeculo,
uiris quid eneruet meas,
cum sit tibi dens ater et rugis uetus
frontem senectus exaret
hietque turpis inter aridas natis
podex uelut crudae bouis.
sed incitat me pectus et mammae putres
equina quales ubera
uenterque mollis et femur tumentibus
exile suris additum.
esto beata, funus atque imagines
ducant triumphales tuum
nec sit marita, quae rotundioribus
onusta bacis ambulet.
quid, quod libelli Stoici inter Sericos
iacere puluillos amant,
inlitterati num minus nerui rigent
minusue languet fascinum?
quod ut superbo prouoces ab inguine,
ore adlaborandum est tibi.
Texto:
Horatii opera omnia
Ed. F. Klingner, Leipzig 1959
Mi muy amiga Elena Pascual, que tiene un blog titulado “Elena Clásica”, motivo por el que le gusta ser llamada Ἑλένη, así en Griego, digo,
tiene un blog en el que podemos saborear de cuando en cuando el producto de su inspiración y su capacidad exquisita de escribir. Es toda una gozada leer lo que ella escribe y os aconsejo que la visitéis, pinchando aquí.
Pues bien, ha tenido la elegancia y la delicadeza de dejar aquí, en mi espacio, un comentario sobre ese Épodo VIII de Horacio que merece todos los encomios y halagos por mi parte. Le ha dado vida a esa Clodia, o Claudia, o Lesbia, que, hay que decirlo también, era una mujer muy culta y muy entendida en la Filosofía Griega, y nos ha demostrado que una mujer entrada en años también tiene derecho a tener una sensibilidad y unos impulsos vitales que, por lo menos yo, atribuía sólo a las más jóvenes. Ella ha rejuvenecido a esa mujer tan maltratada por los poetas romanos, principalmente Catulo y Horacio. Sobre la sospecha de que envenenó a su segundo marido, también podríamos preguntarnos qué clase de marido era ése. Yo no lo sé y tampoco creo que haya que tomarse la Justicia por su mano, pero en esa Roma que tan mal trataba a las mujeres, ¿qué recurso podría encontrar una mujer ante una “violencia doméstica” (que no lo sé si existió), esa tipología que tan actual es?.
Bueno, nuestra Elena escribe con la delicadeza de las Musas y con la fuerza y contundencia de Horacio o Catulo. Y, cuando ella escribe, percibimos, por lo menos yo, la inspiración, la fuerza de la palabra equilibrada, y la clarividencia de las ideas. Vamos, que escribe divinamente. Yo me imagino a esos y esas adolescentes que debe tener en sus clases, escuchándola boquiabiertos, y sin tomar ni siquiera apuntes, porque la tal actividad podría distraerlos de la fruición de sus palabras.
Para no ser excesivamente prolijo, sitúo aquí en primera página, por mérito propio de ella, el comentario que me ha dejado al Épodo de Horacio. MUCHÍSIMAS GRACIAS, QUERIDA ELENA.
"Mi queridísimo Antonio:
y es que este blog es como siempre la vida con el pulso auténtico de los clásicos, es que Horacio grita porque éste es su lugar en el mundo, porque un espíritu tan grande tiene que perdurar a pesar del paso del tiempo, que no es tan insalvable, pues el tiempo quizás, como cualquier otro parámetro tomado desde las dimensiones humanas, es relativo.
Aquí fluye la vida, los sentimientos y ante todo las pasiones de los que amaron y desearon. Pues, esta Clodia maravillosa, que bebió la vida a grandes tragos, y rompió el corazón a nuestro querido Catulo, provocó muchas palabras incisivas, también por parte de Horacio.
Me encanta ese concepto tan asumido por los romanos para su literatura, que nos comentas: no hay lugar para la hipocresía, se dice lo que se piensa, tal y como se piensa. Cuánto tenemos que seguir aprendiendo de la sabiduría de nuestros predecesores, de su autenticidad y belleza, la más elevada y la profundamente mordaz. Lo que me arrebata de este poema es la embestida contundente con la que empieza a arremeter contra esta mujer enérgica y cómo con el mismo enfático pulso contrapone, sin transición suave, la conjunción adversativa "pero": a pesar de tan terrible retrato, ella, la terrible protagonista, Clodia perdurable, le causa estremecimientos libidinosos, así:
"sed incitat me pectus et mammae putres
equina quales ubera".
Bravo por Horacio que tales palabras utiliza, alejándose de absurdos eufemismos, grande su pluma y su valentía, bárbara también nuestra Clodia, pues así supo enfrentar la vida (si bien lo lamento por el hipotético envenenamiento del segundo esposo), y que, ante todo, no se arredró ante las críticas consabidas o las costumbres políticamente correctas.
Ante todo, me estremece el arrojo de Horacio que se reconoce excitado ante la presencia poderosa de esta mujer, que sigue provocando ardorosos comentarios ¡y sigue invicta!
Qué maravilla sois tú y tu conocimiento, Antonio.
Tu admiradora Ἑλένη"