ANTONIO MARTÍN ORTIZ: SOLEDAD SÁNCHEZ M.
ANTONIO MARTÍN ORTIZ
EN ESTA POSICIÓN ME HE PASADO LA MAYOR PARTE DE MI VIDA.
AQUÍ Y ASÍ ME TENÉIS.

Omne tulit punctum qui miscuit utile dulci.
OMNE TVLIT PVNCTVM QVI MISCVIT VTILE DVLCI.
(Q. Horatius Flaccus, Epistula ad Pisones, 343)
Ganó todo mérito el que mezcló lo útil con lo agradable.

VERANO DE 1964 EN SAINT CIERS DU TAILLON [Charente Maritime], Francia

<strong>VERANO DE 1964 EN <em>SAINT CIERS DU TAILLON [Charente Maritime], Francia</em></strong>
Mi padre [R.I.P.], un amigo (Josep Ma. Riba i Armenter [R.I.P.]), mi hermana Simona, yo mismo, mi hermana Rosario,
mi hermano Pepe, mi madre [R.I.P.], otro amigo (Josep Amiell):
PATRI MATRIQVE MEIS IN MEMORIAM: Descansen en Paz los dos juntos
.
"Cuando uno ha perdido a su padre y a su madre, se ha quedado sin referencia al pasado".
(Frase mía, que yo, como bien nacido, les dedico a quienes me dieron la Vida y me abrieron el Camino para ser Feliz)
A mí, lo mismo que a Ovidio (Tristia, I, III, 4):
Labitur ex oculis nunc quoque gutta meis.
Todavía ahora se me resbala una lágrima de los ojos, los míos.

Recojo y comparto la frase, más optimista, de mi amigo Carlos Hernández, Chacien: ”Lo que en verdad mata es el olvido”.
No es mi caso, porque yo, estas cosas, no las olvido.

EQUITACIÓN AL SON DE POLCAS VIENESAS

Si quieres disfrutar de la maravilla de ver a los caballos de la Escuela Española de Equitación de Viena danzando al son de las polcas de los Strauss,
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Ejercicios de doma de caballos
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domingo, 29 de noviembre de 2009

SAFO DE LESBOS (II): ENRIQUECIDA POR LOS COMENTARIOS DE SOLEDAD SÁNCHEZ MULAS Y ELENA CLÁSICA, ELENA PASCUAL





Hace unos días, el 16 de Noviembre exactamente, tuve, y tuvimos, una experiencia inolvidable. Elena Clásica, que es el pseudónimo de Elena Pascual, Soledad Sánchez Mulas, y yo mismo, publicábamos un tratamiento conjunto sobre Helena de Esparta, o Helena de Troya. Fue como una generación pensada y programada: algo así como un acto de AMOR Y AMISTAD a tres.

Ahora ha sucedido lo mismo, pero de forma espontánea, y sin programación alguna, algo así como una Metamorfosis de Ovidio que va adquiriendo cuerpo y forma de un modo natural, sin que se haya programado nada:

Yo publiqué un estudio sobre Safo de Lesbos, una aproximación a la inmortal poetisa, en la medida de mis conocimientos. Seguidamente Soledad Sánchez Mulas, con su estilo siempre valiente e inspirado, publicó un comentario que no tiene desperdicio. Para coronar de forma ya definitiva y solemne esta exposición, Elena Clásica, que es el pseudónimo de Elena Pascual, en un alarde de apasionamiento y sólidos conocimientos, con un estilo pedagógico y riguroso, como es siempre propio de ella, ha publicado un extenso comentario que deja ya de una forma definitiva a Safo de Lesbos en el lugar que en justicia le corresponde.

Bien puedo yo, como Ovidio, repetir ahora, aquí mismo,
lo que ya escribí en este mismo espacio, el 19 de Octubre:

Tu mihi, tu certe, memini, Graecine, negabas
uno posse aliquem tempore amare duas.
Per te ego decipior, per te deprensus inermis:
Ecce, duas uno tempore turpis amo!
Vtraque formosa est, operosae cultibus ambae;
artibus in dubio est haec sit an illa prior.
Pulchrior hac illa est, haec est quoque pulchrior illa;
et magis haec nobis, et magis illa placet!
Erro, uelut uentis discordibus acta phaselos,
diuiduumque tenent alter et alter amor.
Quid geminas, Erycina, meos sine fine dolores?
Non erat in curas una puella satis?
Quid folia arboribus, quid pleno sidera caelo,
in freta collectas alta quid addis aquas?

(Ouidius, Amores (II, X, 1-14)

Tú me decías, Grecino, tú me decías, yo me acuerdo bien, que era imposible amar a dos mujeres al mismo tiempo. Por tu culpa yo he caído en la trampa, yo he sido sorprendido sin defensa. Sí: yo amo a dos mujeres al mismo tiempo, y no me avergüenzo. Una y otra son hermosas, ambas están igualmente preocupadas por su elegancia, y es difícil de decir si es la primera o la segunda la que tiene más talento. La primera es más hermosa que la segunda, pero, a su vez, la segunda es más hermosa que la primera. Es ya la primera, ya la segunda, la que me gusta más. Mi corazón, como una ligera barca con velas empujadas por vientos opuestos, flota incierta entre estos dos amores que se lo disputan. ¿Por qué, diosa del monte Erix, duplicar mis tormentos, de los que noveo fin? ¿Por qué hacerme preocupar? ¿No era suficiente una sola belleza? ¿Por qué añadir hojas a los árboles, estrellas al cielo que está lleno, aguas nuevas a los mares profundos?

Es que la amistad y el afecto hace cosas maravillosas. Soledad Sánchez Mulas y Elena Clásica, Elena Pascual, al igual que Safo de Lesbos, son mujeres superiores. Eso es así: el no reconocerlo sería faltar al rigor y a la Verdad.

Seguidamente tenéis los tres textos, en orden cronológico de aparición. Espero que disfrutéis. Y también que aprendáis, sobre todo de ellas tres, de
Safo de Lesbos, de Soledad Sánchez Mulas, de Elena Pascual.

Mapa de GRECIA

Viene esta explicación a cuento de que considero totalmente inapropiado, y falto de rigor filológico, el uso de la palabra sáfica, lesbiana o lésbica, cuando se está uno refiriendo al amor o afecto entre dos mujeres. Me explico.


Safo era sáfica, lésbica, o lesbiana, por llamarse así y ser de Lesbos, lo que no significa que fuera homosexual. Lo único que hacía en los siglos VII/VI era adoctrinar en la danza y el canto a las muchachas que tenía en su escuela. En esa época, las mujeres no estaban tan mal vistas en Grecia, como lo estuvieron bastantes siglos después, en la Época Clásica.

Fueron los autores de esa época, especialmente los cómicos, los que no comprendieron que hubiera podido haber una mujer de valía en épocas pasadas y, como consecuencia de ello, inventaron esa mitomanía sobre la homosexualidad de Safo. Incluso inventaron el verbo λεσβιάζειν [lesbiátzein] (comportarse como la de Lesbos), para significar la relación erótica entre dos mujeres, que siempre existió en Grecia, aunque, al contrario de la que existía entre hombres, permaneciese en la oscuridad y estuviese mal vista. Safo no fue homosexual: fue una buena poetisa que destacó en su época.

Puede comprobarse lo que digo en:

Alsina, José, Literatura Griega. Contenido, problemas y métodos. Ariel, Barcelona, 1967, que dice:

Es sabido que existe una cuestión “sáfica”, que se plantea en el sentido de si la poetisa de Lesbos tuvo o no desviaciones sexuales.

He leído en algún lugar que hay quien ha tildado de homófobo el texto de Alsina. Tengo que recordar que el texto de Alsina es de 1967 y refleja el pensamiento y la forma de escribir de ese año. Lo pasado no se puede cambiar. Por lo que respecta a Alsina, añado que fue durante muchos años Catedrático titular de Filología Griega de la Universidad de Barcelona, y yo disfruté mucho con sus clases. Hay que suponer que el profesor Alsina conocía a Safo bastante más que todos nosotros juntos.

También en el mejor libro que conozco sobre Safo:

Wolfgang Schadewaldt (1900-1974):
“Sappho. Dasein in der Liebe” ["Safo. Existencia en el amor"] (1950)

Un buen estudio sobre el Amor y Safo puede leerse en:

http://www.raco.cat/index.php/Scriptura/article/view/94183/142463


SAFO. Atenas: Museo Arqueológico Nacional

Seguiré diciendo poetisa cuando me refiera a Safo y poeta cuando me refiera a Catulo, que era un admirador suyo y tradujo al Latín su mejor poema. Los Griegos distinguían perfectamente entre "poeta” y “poetisa". Cito dos ejemplos:

Σαπφὼ ἡ ποιητρία τὸ μὲν γένος ἦν Λεσβία, πόλεως δὲ Μιτυλήνης

(Safo la poetisa era Lesbia de nacimiento, de la ciudad de Mitilene).

Ἄρατος ὁ ποιητὴς γένει ἦν ἀπὸ Σόλων τῆς Κιλικίας

(Arato el poeta era procedente de Soli, en Cilicia).

Es lo que puede leerse en la mejor biblioteca clásica que conozco en Internet, por citar unos textos accesibles a todo el mundo.

http://www.hs-augsburg.de/~Harsch/graeca/Auctores/g_alpha.html

.......................................Mapa de la Isla de Lesbos

Yo, que me he leído repetidas veces en Griego y he consultado las mejores traducciones de lo que nos ha llegado de Safo, que es una ínfima parte de lo que escribió, puedo afirmar que en toda su obra conservada no se atisba ni un solo indicio de que ella fuese homosexual. Ocurre todo lo contrario.

SAFO: Antikemmuseum, München

También he leído en alguna parte que nada podemos afirmar sobre con quién se acostaba Safo. Por supuesto que nadie puede saber con quién se acostaba Safo. Creo que eso no tendría interés ninguno para nadie más que para ella. Y también para quien compartiese su cama. Ese dato ni añadiría ni quitaría valor a sus poemas. Yo sólo puedo citar un poema suyo:

D. 94
(Snell)
Hephaest. Ench. 11, 5 (p. 36 Consbruch)

Δέδυκε μὲν ἀ σελάννα
καὶ Πληίαδες· μέσαι δὲ
νύκτες, παρὰ δ᾽ ἔρχετ᾽ ὤρα·
ἔγω δὲ μόνα κατεύδω.

Se han puesto ya la luna
y las Pléyades. Es media noche.
Pasa el tiempo.
Y yo sigo durmiendo sola.


El texto se puede encontrar, en Griego, en:


http://www.hs-augsburg.de/~Harsch/graeca/Chronologia/S_ante06/Sappho/sap_me05.
html



SAFO: Fresco de Pompeya. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles

Aquí tenéis el poema mejor suyo, el que fue fielmente traducido al Latín por el poeta Romano Cayo Valerio Catulo, en el que se expresan de forma explícita, por vez primera en Occidente, los síntomas físicos que se perciben y que se apoderan de uno en el momento del enamoramiento. El poema está escrito en Estrofas Sáficas, que son una combinación de versos que recibieron ese nombre por haber sido inventada precisamente por Safo:

Me parece igual a los dioses ese
hombre que ahora está frente a ti sentado,
y tu dulce voz a tu lado escucha
mientras le hablas
y tu amable risa; lo cual, te juro,
en mi pecho el alma saltar ha hecho:
pues te miro apenas y mis palabras
ya no me salen
se me queda rota la lengua y, suave,
por la piel un fuego me corre al punto,
por mis ojos ya nada veo, y oigo
sólo un zumbido,
me destila un frío sudor y entera
un temblor me apresa, y cual la paja
amarilla estoy y mi muerte siento
poco alejada.
Pero todo habrá que sufrirlo, incluso...

Traducción en:
http://caiusiuliuscaesaraugustusgermanicus.iespana.es/safo/poesia.pdf

[Φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν᾽ ὤνηρ, ὄττις ἐνάντιός τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσ‹ας› ἰμέροεν. τό μ᾽ ἦ μάν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόαισεν.
ὢς γὰρ ἔς σ᾽ ἴδω βρόχε᾽, ὤς με φώνη-
σ᾽ οὖδεν ἔτ᾽ εἴκει,

ἀλλὰ κὰμ μὲν γλῶσσα ἔαγε, λέπτον
δ᾽ αὔτικα χρῶι πῦρ ὐπαδεδρόμακεν,
ὀππάτεσσι δ᾽ οὖδεν ὄρημμ᾽, ἐπιρρόμ-
βεισι δ᾽ ἄκουαι,

ἀ δέ μ᾽ ἴδρως κακχέεται, τρόμος δέ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πιδεύης
φαίνομ᾽ ἔμ᾽ αὔται·

ἀλλὰ πᾶν τόλματον, ἐπεὶ +καὶ πένητα]

El texto se puede encontrar, en Griego, en:

http://www.hs-augsburg.de/~Harsch/graeca/Chronologia/S_ante06/Sappho/sap_me01.html

Busto de SAFO. Musei Capitolini de Roma


La enorme poetisa, y digo enorme por la grandiosidad, la inspiración y la audacia de sus poemas, que es Soledad Sánchez Mulas, hizo ayer en su locus amoenus un estupendo homenaje a las mujeres maltratadas. En el comentario, sabroso y valiente, que ha hecho a mi explicación de Safo, ha hecho también un exquisito homenaje a otra mujer, también maltratada en cierta forma, por la Historia. Reivindica, de forma valiente y sólida, la devolución a la gran poetisa Safo del puesto que le corresponde, situándola en las cimas de la producción poética, sin ulteriores connotaciones. Es el comentario que ha tenido a bien hacer a mi exposición. Aquí lo tenéis, por méritos propios, tal cual:

Querido Antonio:

Tu post de hoy me parece absolutamente delicioso. Desde que te conozco, he ahondado en la figura de Safo, pues alguna vez, como siempre desde tu generosidad, has comparado mis humildes versos con los suyos. Ni me aproximo, por supuesto... son tan bellos, que me conformo simplemente con leerlos, y, a mi modo, sentirme tan POETISA como ella.

Yo también he leído encendidos comentarios en pro de su homosexualidad... y como tú, opino que la historia es la que es, y que no sirve querer adecuarla a los sentimientos o necesidades de cada quien.

Efectivamente, la vida sexual de cada persona es la que cada uno lleva a la práctica, en su intimidad... o no. Ha de ser algo natural, y me temo que abanderar una determinada opción sexual no es relevante para nadie. En ninguno de sus poemas Safo declara sus inclinaciones sexuales, solamente deslumbra con unos versos bellísimos, que han de disfrutarse con la mente abierta. No creo que a Safo le gustase ser recordada por encima de sus versos... y mucho menos por sus preferencias sexuales.

Siempre te agradezco que me descubras nuevos aspectos de nuestros queridos clásicos, y creo que hoy le has hecho un gran honor a Safo: validar su indiscutible calidad literaria fuera de cualquier círculo cerrado que pretenda "apoderarse" de su perfil.

Un beso, maestro, y gracias.

Soledad.

Muchas gracias, querida Soledad, por tu generosidad al referirte a mí, con elogios que seguramente no merezco, aunque sé que están hechos con el corazón en la mano. Tienes que saber que la admiración es recíproca.

Desde aquí te envío, yo también, un beso.

Antonio

Comentario recibido de Elena Clásica, Elena Pascual, comentario que no necesita ulteriores explicaciones:

Mi querido Antonio:

Es ésta una entrada desbordante de genialidad, belleza, poesía, dulzura, comprensión histórica, impecable exposición desde la Grecia de los siglos VII y VI, la Grecia clásica hasta, volando en los siglos, la realidad de la posguerra española.

Fantástica aclaración sobre la falta de realidad histórica y la carencia de rigor en el uso del calificativo "sáfico", quizás utilizado peyorativamente en tantas ocasiones, cuando parece que la grandeza de una poetisa se midió por el rasero de la envidia y del prejuicio entre algunos comediógrafos de la época clásica de Grecia.

Pues la luz propia e interior seguirá reluciendo a través de los siglos y de todos los comentarios malintencionados, pues, y retomo las palabras de nuestra querida Soledad: ¿quién se atreve a inspeccionar debajo de las sábanas las inclinaciones íntimas de cada persona?

De manera que, la maledicencia sólo lleva al vacío existencial y al conceptual, sin apreciar los valores artísticos y los grandes nombres de la Literatura, nada menos que la Clásica y, definitiva, la universal.

Pero, así como las lenguas que se estructuran en un filo doble y rasgan la envoltura física, que no un alma humana, pues tal no parece hacerse presente, en mil pedazos, sean los elevados, místicos, geniales poemas de Safo los que reluzcan por la eternidad de amor y estrellas. Sea:

Nos ofreces un primer poema que es tan breve cuanto inspirado, brillante y cósmico en su concisión. Así, la poetisa, cuya voz parece identificarse con la primera persona cuya voz escuchamos en el poema, siente la soledad de su pequeñez en el cosmos grandioso. La Luna y las Pléyades asumen personalidad propia y su propia existencia fría en el universo infinito aparece plena de sentimientos, merced a que la autora transmuta su propia sensibilidad en mágico vuelo a las figuras astrales.

El cielo que parece ponernos delante de nuestros ojos se vuelve un lugar cálido y vivo, humanizado, pues la poetisa ejerce el papel mágico del demiurgo en la creación. Incluso llega a trasladar los sentimientos que ella conoce a los astros, cuerpos celestes, mientras en su contemplación ya es ajena a los mismos, y siente únicamente la soledad bajo las constelaciones y la luna sensual. Toda una teatral puesta en escena desde las palabras de la gigante poetisa.

El segundo poema, maravilla de descripción del estado anímico del o de la que ama, en este caso, continúa dibujando el tono misterioso y temeroso del enamorado desde la incertidumbre.

Nos remontamos con nuestra poetisa a los siglos VII y VI A.C, y por tanto temblorosa es nuestra mirada sobre la influencia que estos versos tendrán en la Historia de la Literatura. Sentimientos universales que hemos de encontrar a la vez en la tradición de la poesía islámica, como en "El collar de la paloma" de Ibn Hazn, del siglo XI.

Los sentimientos del amante desde Safo, recogiendo también otras tradiciones como la islámica mencionada, pasarán a la poesía trovadoresca provenzal, desde la cual una voz masculina le brinda su vida de amor no correspondido a su amada, a la que le ofrece pleitesía, cual si de un señor feudal se tratase, el pacto de vasallaje se hará, pues, desde términos amorosos. Poesía trovadoresca que llegará a los humanistas del XIV, entre ellos Dante con su "dolce stil nuovo" cantando a su amada Beatriz, y el inmenso Petrarca que desde su “Canzoniere” y no alejado de esta tradición, dedica su vida y su obra a su amada Laura. Influencias que llegarán a nuestro Renacimiento, cómo no recordar a Garcilaso de La Vega y su amor rendido por Isabel Freire, amor imposible, por ser ella una dama casada como lo era Laura, la musa de Petrarca. Desde la escuela garcilasista, Herrera con la luz de Leonor, los poetas barrocos que la mantienen.... esta tradición llega hasta nuestros días.

La enamorada Safo queda paralizada, privada del don de la palabra, sólo temblorosa ante la cercanía del hombre amado, mientras la idealización ya planea en el universo creado en sus versos, pues su amado "es semejante a los dioses". Idealización universal, quizás la primera referencia poética de la que tengamos constatación.

El sentimiento del amor expresado en los contrarios, a través del glorioso “oxímoron”, figura retórica que será tan querida por los poetas trovadorescos y toda la tradición posterior, toma unos tintes sublimes en el fuego interior que la posee, mientras un sudor frío la recorre y un temblor.

Gloriosos contrarios, imposible no pensar en Quevedo, extraordinario amante del “oxímoron” y de la paradoja "nadar sabe mi llama el agua fría".

Amén de la descripción lírica del amor como fuego que recorre el alma y la piel, que durante siglos ha quemado a tantos poetas como quemó a nuestra Safo y que, trasladada a los místicos, es una metáfora también muy querida, así las "lámparas de fuego" en San Juan de la Cruz. ¿Pues qué describe la unión del amor místico del poeta con la divinidad, sino el mismo amor, pero en este caso mundano, que sentían otros amantes más carnales hacia sus amados o amadas?

Y es esta gigante lírica la que inaugura este proceso. No se me ocurren más palabras, sino que es mucho fuego el que arde también en la llama mística de este blog, de este espacio iluminado, siempre con la presencia de los clásicos a quienes se les ofrece su merecido lugar en el cosmos. Igualmente te agradezco las referencias bibliográficas, tan oportunas y eruditas.

Mi querido Antonio, Maestro, mi admiración, mi beso gigante de cariño cegado por el fuego que aquí se balancea escuchando a los grandes músicos que nos ofreces.

Tu admiradora Ἐλένη.

Mi querida Elena, Φίλη Ἑλένη, amiga Elena,

También yo, desde aquí, te expreso toda mi admiración y todo mi afecto. Muchas gracias.

Antonio

lunes, 16 de noviembre de 2009

DOS HEROÍDAS DE OVIDIO: LA XVI (PARIS INTENTA SEDUCIR A HELENA DE ESPARTA), Y LA XVII (HELENA SE MUESTRA INDECISA)


HERA (Rhode Island School of Design)


Este texto se presenta simultáneamente con dos poemas sabrosos e inspirados, sobre el mismo tema tratado aquí: uno de Elena Pascual, en su blog Elena Clásica, y otro de Soledad Sánchez Mulas, en su "locus amoenus" correspondiente. Os sugiero que las visitéis, para gozar de sus poemas, que son, ambos, una delicia. Lo podéis hacer acariciando con el ratón los correspondientes nombres o imágenes.


ATHENA (Antikenmuseen, Berlin)

Publius Ouidius Naso escribió 21 HEROÍDAS, es decir, cartas de Heroínas a sus amantes o amados. Algunas de ellas son también de los Héroes a sus correspondientes amantes o amadas. Son cartas ficticias, que no han recibido demasiada atención a la hora de editar a Ovidio. Las que propongo hoy son la XVI, enviada por Paris a Helena, y la XVII, que es la contestación de Helena.

Hay que remontarse al Juicio de Paris o Manzana de la Discordia. Como es conocido, Paris dio el premio de la belleza a Afrodita/Venus, que competía con Hera/Juno y Atenea/Minerva. Cada una de ellas intentó sobornar a Paris, prometiéndole, en el caso de Venus, el amor de la mujer más bella del mundo, que era Helena de Esparta, casada con Menelao. Como Venus recibió el premio, tuvo que cumplir su promesa haciendo que Paris se enamorase de Helena.


PLANO DE ESPARTA

En la carta que Paris le dirige a Helena, la XVI, éste hace exhibición de su amor por ella y de todo lo que le puede ofrecer. En la contestación de Helena, ésta manifiesta amor y debilidad por Paris, pero prevalece el sentimiento de fidelidad a su marido, Menelao.

El escenario se sitúa en Esparta, en el Palacio de Menelao. Paris ha venido de visita, desde Troya, y ha sido bien recibido, al ser conocido y amigo de Menelao. Menelao se ha ausentado temporalmente y se encuentran en Palacio Helena y Paris. Paris intenta seducir a Helena para que abandone a Menelao y se vaya con él a Troya. Helena hace gala de su fidelidad y rechaza la propuesta. (Fuera ya de lo que se dice en estas obras, Helena será raptada por la fuerza, lo que provocará la Guerra de Troya). Helena, en su carta, hace referencia a un rapto: no es el rapto de Paris, sino que hace referencia a una leyenda, ignorada por Homero, según la cual Helena había sido raptada por Teseo y su amigo Pirítoo, cuando ésta, todavía una muchacha, se hallaba ofreciendo un sacrificio a Ártemis en Laconia. Luego fue liberada por los Dioscuros, sus hermanos, cuando Teseo y Pirítoo se habían marchado a los Infiernos a raptar a Perséfone. Los Dioscuros eran hermanos de Helena, pues todos eran hijos de Leda, fecundada por Júpiter en forma de Cisne, al tiempo que también lo fue por su marido mortal, Tindareo. De esa doble fecundación nacieron Helena y Pólux, considerados hijos de Júpiter, y Clitemnestra y Cástor, considerados mortales, por ser hijos de Tindareo. Pólux y Cástor eran los Dioscuros, es decir los hijos de Zeus/Júpiter.

JACQUES-LOUIS DAVID: EL AMOR DE PARIS Y HELENA

(Musée du Louvre)



Os presento un fragmento significativo de cada una de las cartas.





BODA DE MENELAO Y HELENA

OVIDIO: HEROÍDA XVI: DE PARIS A HELENA


“Salgo del puerto, y beneficiándome del favor del viento, llego a tus tierras, ninfa Ebálide [por Ébalo, abuelo mortal de Helena]. Me recibe como huésped tu esposo; también esto ocurrió no sin la determinación y la voluntad de los dioses. Él, ciertamente, me muestra todo lo que en Lacedemonia entera es digno de ser mostrado y digno de ser visto. Pero para mí, que deseaba contemplar tu celebrada belleza, no había nada por lo que mis ojos quedasen cautivados.

Cuando te vi, me quedé estupefacto y sentí, atónito, que lo más íntimo de mi corazón ardía con emociones desconocidas. Tenía un rostro semejante a éste, por lo que recuerdo, Citerea
[es decir, Venus/Afrodita] cuando vino a mi Juicio. Si hubieses venido también a aquel certamen, la palma de Venus habría estado en duda. Grandes pregones suscitaron los comentarios sobre tu persona, y tierra ninguna es ignorante de tu hermosura; ni en ningún lugar de Frigia [Troya], ni donde nace el sol, otra entre las hermosas tiene una fama igual a la tuya.

De mí te lo puedes creer: inferior es tu gloria a la realidad, y lo que se dice de tu belleza casi te hace daño. Encuentro aquí más de lo que había prometido ella
[Venus] y tu gloria es superada por tu causa.

Por eso se inflamó con razón el que había conocido todo, Teseo, y pareciste botín digno de varón tan ilustre, cuando, según la costumbre de tu pueblo, te ejercitabas, desnuda, en la brillante palestra y, mujer, te mezclabas con los hombres desnudos. El que te raptara lo alabo; me sorprende el que te devolviera alguna vez. Tan excelente botín debió retenerlo con empeño.

¡Antes se habría separado esta cabeza de mi cuello ensangrentado que de mi lecho fueses arrancada! ¿Desearían mis manos alguna vez abandonarte? ¿Sufriría vivo que te marchases tú de mi regazo? Si tenías que ser devuelta, algo, empero, habría antes tomado y mi Venus se habría aprovechado de algo; habría gustado tu virginidad o lo que podía, intacta tu virginidad, ser robado.

Entrégate ya: sabrás de qué clase es la constancia de Paris. La llama de la pira
[es decir, la muerte], únicamente, extinguirá las llamas de mi amor.

Te he preferido a los reinos que en otro tiempo me prometió, muy grandes, la esposa y hermana de Júpiter
[es decir Juno, que también competía en el Juicio de Paris]; y, con de poder rodear mis brazos a tu cuello, desprecié el valor guerrero, al ofrecérmelo Palas [Atenea/Minerva, la otra que también competía en el Juicio de Paris]. Y no me pesa ni me parecerá jamás que elegí neciamente [cando eligió a Afrodita/Venus como la más hermosa entre las diosas que compitieron]; permanece mi ánimo firme en su deseo. Sólo no permitas que mi esperanza llegue a ser caduca, suplico, oh tú, digna de ser buscada con tales fatigas.

No anhelo yo, privado de un linaje noble, de una noble el matrimonio, ni serás mi esposa, créeme, con deshonor: si bien se mira, se encontrará en mi familia a una Pléyade y a Júpiter
[Dárdano, primer rey de Troya y antepasado de Paris, fue hijo de Júpiter y Electra, una de las siete Pléyades], sin hablar de los abuelos de en medio. Mi padre posee, apenas visitables en sus inmensos límites, los reinos de Asia, más rica que la cual no hay tierra alguna. Verás ciudades sin número y áureos palacios, y templos que puedes decir dignos de sus dioses. Contemplarás Ilio [Troya] y, flanqueadas por elevadas torres, sus murallas construidas al son de la lira de Febo [Apolo. Según la leyenda, las piedras se reunieron por sí solas al son de su lira]. ¿Y qué te diré del número infinito de sus hombres? Apenas esa tierra basta a su pueblo. Correrán a tu encuentro en denso tropel las matronas Troyanas, y no podrán acoger en nuestros atrios a las jóvenes Frigias. ¡Oh, cuántas veces dirás: “Qué pobre es mi Acaya” [Esparta o Grecia]!. Una sola casa, cualquiera, verás que posee las riquezas de una ciudad” (127-188).


MIGUEL ÁNGEL: LEDA Y EL CISNE

OVIDIO: HEROÍDA XVII: DE HELENA A PARIS

“[Si me estuviese permitido no haber leído, Paris, lo que he leído, conservaría como antes mi condición de honrada.] Ahora, después de haber violado tu carta a mis ojos, la gloria de no contestar me parece insignificante. Has osado, extranjero, profanando la sacrosanta hospitalidad, poner a prueba la legítima fidelidad de una esposa. ¿Sin duda para esto a ti, arrastrado por mares expuestos a todos los vientos, te acogió en su puerto el litoral Tenario [Esparta], y, aunque vinieras de un pueblo remoto, nuestro palacio no te cerró las puertas, para que la injuria fuese la respuesta a tamaño servicio? El que así entrabas, ¿eras huésped o enemigo?

Y estoy segura de que este reproche mío, a tu Juicio, puede ser considerado mojigato, aún siendo tan justo. Sea yo, sí, mojigata con tal de no olvidarme del pudor, y de que el curso de mi vida siga sin mancha. Si no tengo un gesto triste en un rostro que finge, y no tomo asiento, huraña, con el entrecejo fruncido, sin embargo, mi fama es resplandeciente, y hasta ahora he vivido sin delito y ningún adúltero se ha gloriado por mi causa.

Lo que no entiendo es cuál es tu seguridad en lo que pretendes, y qué cosa te ha dado la esperanza de mi lecho. ¿O es que, porque el héroe hijo de Neptuno
[Teseo] me hizo violencia, raptada una vez, parezco digna de ser raptada dos veces. El crimen sería mío si hubiese sido seducida. Pero, siendo raptada, ¿qué era lo mío, sino el no querer? Sin embargo, no consiguió la recompensa buscada por su hazaña. Exceptuado el miedo, volví sin haber sufrido nada. El adúltero sólo me robó, pese a mi lucha, unos pocos besos; nada más consiguió de mí. Tu desenfrenada pasión no se hubiese contentado con esto: lo quieran los dioses mejor; él no fue parecido a ti. Me devolvió intacta y su moderación aminoró su falta, y es evidente que se arrepiente de lo que hizo en su juventud. ¿Se arrepintió Teseo para que Paris le sucediese, para que jamás mi nombre deje de estar en todas las bocas?.

Y, sin embargo, no me enfado (pues, ¿quién se enojará con quien le ama?), si no es simulado el amor que proclamas. Pues también dudo de esto, no porque me falte confianza, o mi belleza no me sea notoria, sino porque la crueldad suele hacer daño a las muchachas, y se dice que vuestras palabras carecen de lealtad
[las de los hombres en general o las de los Troyanos en particular]” (1-42).


RUBENS: EL JUICIO DE PARIS


(Traducción de Francisca Moya del Baño, en: Ovidio: HEROÍDAS, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1986).




AFRODITA (Copia de un original griego de fines del siglo IV aC. Amfiteatro Campano de S. Maria en Capua Vetere, donde decoraba el pórtico)

HEROIDA XVI: PARIS HELENAE

Portubus egredior, uentisque ferentibus usus
applicor in terras, Oebali nympha, tuas.
Excipit hospitio uir me tuus – hoc quoque factum
non sine consilio numinibusque deum!
Ille quidem ostendit, quidquid Lacedaemone tota
ostendi dignum conspicuumque fuit;
sed mihi laudatam cupienti cernere formam
lumina nil aliud quo caperentur erat.
Vt uidi, obstipui praecordiaque intima sensi
attonitus curis intumuisse nouis.
His similes uultus, quantum reminiscor, habebat
uenit in arbitrium cum Cytherea meum.
Si tu uenisses pariter certamen in illud,
in dubio Veneris palma futura fuit!
Magna quidem de te rumor praeconia fecit,
nullaque de facie nescia terra tua est;
nec tibi par usquam Phrygia nec solis ab ortu
inter formosas altera nomen habet!
Crede sed hoc nobis! – minor est tua gloria uero,
famaque de forma paene maligna tua est;
plus hic inuenio, quam quod promiserat illa,
et tua materia gloria uicta sua est.
Ergo arsit merito, qui nouerat omnia, Theseus,
et uisa es tanto digna rapina uiro,
more tuae gentis nitida dum nuda palaestra
ludis et es nudis femina mixta uiris.
Quod rapuit, laudo; miror, quod reddidit umquam.
tam bona constanter praeda tenenda fuit.
Ante recessisset caput hoc ceruice cruenta,
quam tu de thalamis abstraherere meis.
Tene manus umquam nostrae dimittere uellent?
Tene meo paterer uiuus abire sinu?
Si reddenda fores, aliquid tamen ante tulissem,
nec Venus ex toto nostra fuisset iners.
Vel mihi uirginitas esset libata, uel illud
quod poterat salua uirginitate rapi.
Da modo te, quae sit Paridis constantia, nosces;
flamma rogi flammas finiet una meas.
Praeposui regnis ego te, quae maxima quondam
pollicita est nobis nupta sororque Iouis;
dumque tuo possem circumdare bracchia collo,
contempta est uirtus Pallade dante mihi.
Nec piget, aut umquam stulte legisse uidebor;
permanet in uoto mens mea firma suo.
Spem modo ne nostram fieri patiare caducam,
deprecor, o tanto digna labore peti!
Non ego coniugium generosae degener opto,
nec mea, crede mihi, turpiter uxor eris.
Pliada, si quaeres, in nostra gente Iouemque
inuenies, medios ut taceamus auos;
regna parens Asiae, qua nulla beatior ora est,
finibus inmensis uix obeunda, tenet.
Innumeras urbes atque aurea tecta uidebis,
quaeque suos dicas templa decere deos.
Ilion adspicies firmataque turribus altis
moenia, Phoebeae structa canore lyrae.
Quid tibi de turba narrem numeroque uirorum?
Vix populum tellus sustinet illa suum.
Occurrent denso tibi Troades agmine matres,
nec capient Phrygias atria nostra nurus.
O quotiens dices: 'quam pauper Achaia nostra est!'
Vna domus quaeuis urbis habebit opes.


HELENA RAPTADA POR TESEO

HEROIDA XVII: HELENE PARIDI


[Si mihi, quae legi, Pari, non legisse liceret,
seruarem numeros, sicut ut ante, probae.]
Nunc oculos tua cum uiolarit epistula nostros,
non rescribendi gloria uisa leuis.
Ausus es hospitii temeratis aduena sacris
legitimam nuptae sollicitare fidem!
Scilicet idcirco uentosa per aequora uectum
excepit portu Taenaris ora suo,
nec tibi, diuersa quamuis e gente uenires,
oppositas habuit regia nostra fores,
esset ut officii merces iniuria tanti!
Qui sic intrabas, hospes an hostis eras?
Nec dubito, quin haec, cum sit tam iusta, uocetur
rustica iudicio nostra querela tuo.
Rustica sim sane, dum non oblita pudoris,
dumque tenor uitae sit sine labe meae.
si non est ficto tristis mihi uultus in ore,
nec sedeo duris torua superciliis,
fama tamen clara est, et adhuc sine crimine uixi,
et laudem de me nullus adulter habet.
Quo magis admiror, quae sit fiducia coepti,
spemque tori dederit quae tibi causa mei.
An, quia uim nobis Neptunius attulit heros,
rapta semel uideor bis quoque digna rapi?
Crimen erat nostrum, si delenita fuissem;
cum sim rapta, meum quid nisi nolle fuit?
Non tamen e facto fructum tulit ille petitum;
excepto redii passa timore nihil.
Oscula luctanti tantummodo pauca proteruus
abstulit; ulterius nil habet ille mei.
Quae tua nequitia est, non his contenta fuisset –
di melius! Similis non fuit ille tui.
Reddidit intactam, minuitque modestia crimen,
et iuuenem facti paenituisse patet;
Thesea paenituit, Paris ut succederet illi,
ne quando nomen non sit in ore meum?
Nec tamen irascor – quis enim succenset amanti? –
si modo, quem praefers, non simulatur amor.
Hoc quoque enim dubito – non quod fiducia desit,
aut mea sit facies non bene nota mihi;
sed quia credulitas damno solet esse puellis,
uerbaque dicuntur uestra carere fide.
At peccant aliae, matronaque rara pudica est.
quis prohibet raris nomen inesse meum?


HELENA NACIENDO DE UN HUEVO (Museo Arqueológico de Bari, Italia)


J.MOREAU: HELENA


AFRODITA INTENTA CONVENCER A HELENA PARA QUE SE VAYA CON PARIS A TROYA (ANTIKENSAMMLUNG, BERLIN)


MENELAO SOSTENIENDO A PATROCLO (Loggia del Lanzi)

lunes, 19 de octubre de 2009

EL POEMA DEL OLVIDO DE ELENA PASCUAL DA ORIGEN A DOS POEMAS MÁS, UNO, DE SOLEDAD SÁNCHEZ MULAS



Para la exposición de hoy, me refugio en Ovidio, ¿cómo no?, que en sus Amores (II, X, 1-14) dice:


Tu mihi, tu certe, memini, Graecine, negabas
uno posse aliquem tempore amare duas.
Per te ego decipior, per te deprensus inermis:
Ecce, duas uno tempore turpis amo!
Vtraque formosa est, operosae cultibus ambae;
artibus in dubio est haec sit an illa prior.
Pulchrior hac illa est, haec est quoque pulchrior illa;
et magis haec nobis, et magis illa placet!
Erro, uelut uentis discordibus acta phaselos,
diuiduumque tenent alter et alter amor.
Quid geminas, Erycina, meos sine fine dolores?
Non erat in curas una puella satis?
Quid folia arboribus, quid pleno sidera caelo,
in freta collectas alta quid addis aquas?



Tú me decías, Grecino, tú me decías, yo me acuerdo bien, que era imposible amar a dos mujeres al mismo tiempo. Por tu culpa yo he caído en la trampa, yo he sido sorprendido sin defensa. Sí: yo amo a dos mujeres al mismo tiempo, y no me avergüenzo. Una y otra son hermosas, ambas están igualmente preocupadas por su elegancia, y es difícil de decir si es la primera o la segunda la que tiene más talento. La primera es más hermosa que la segunda, pero, a su vez, la segunda es más hermosa que la primera. Es ya la primera, ya la segunda, la que me gusta más. Mi corazón, como una ligera barca con velas empujadas por vientos opuestos, flota incierta entre estos dos amores que se lo disputan. ¿Por qué, diosa del monte Erix, duplicar mis tormentos, de los que no veo fin? ¿Por qué hacerme preocupar? ¿No era suficiente una sola belleza? ¿Por qué añadir hojas a los árboles, estrellas al cielo que está lleno, aguas nuevas a los mares profundos?

Resulta que el 30 de Septiembre, mi gran amiga Elena Clásica, que es el pseudónimo de Elena Pascual, publica en su espacio un poema profundo y bien construido, lleno de inspiración, que podéis encontrar en su blog, adornado de sugestivas imágenes, y que, con su permiso, presento aquí:


Poema del olvido

Es prioritario olvidarlo todo,
olvidar la misma lectura de Cortázar,
olvidar a Polanski,
el Dakota, a Mr.X
olvidar a Buñuel,
así reza una película suya, ¿no?
olvidar tus aciertos,
¡qué gracia!
olvidar tus errores,
-mejor-,
olvidar tus sonrisas,
pues anda que tu crueldad...

Olvidar tus manías,
olvidar los paraguas
negros en una tarde mística.
Olvidar los sueños: los sueños todos,
olvidar el azar: olvidarlo también.

Olvidar la magia, sí, sí, olvidarla,
y ni resto de poemas:
fuera los polacos que conmueven,
los salvadoreños que sacuden,
fuera para siempre los suicidas,
ni hablar de la Pizarnik,
ni saber de la Peri Rossi,
ni asomarse el de Cuenca.

Olvidar que un día te inventaste
mermelada en la comisura de mis labios y la saboreaste.

Olvidar que protegías mis medias
de las nubes y las apartabas de la lluvia.

Olvidar las trazas de las líneas
que decoran tu cuerpo y te dejan plasmado en carboncillo.

Olvidar mi sujetador en el tendedero
cuando lo recogías.

Olvidar mil veces que la luna sonreía.

Olvidar, por Dios, el placer en tu rostro.

Olvidar, ¡por caridad!
la música de Schubert sobre el volcán.

Olvidar, ¡sí, carajo!
quién era Simone Choule
y quién Rosemary
y quién era la maga
y Rocamadour, y Mimi y Carol,

¡basta,
prioritario olvidar,
ya basta!

Y entonces: olvidar,
hasta la misma entraña
hasta el hueso del olvido.

Olvidarlo todo, olvidarlo otra vez y otra
y olvidarlo otra,

y morir de olvido, y morir de
traza y morir de cuerpo y morir de sonrisa
y morir de carboncillo y de carbunclo y de medias
y de perfumes y labios,
y morir de lluvia.

Y cuando haya muerto de olvido
que el olvido ya no viva má
s,
que ya no viva más...

Firmado: Elena Pascual






Conmovido e iluminado por tan fecundo poema, el día 2 de Octubre yo le hago un comentario que podéis leer a continuación:



Quisiera,
pero me es imposible.
A lo mejor es que no quiero,
o no puedo.

¿Qué pasa con tus manías?
Mi paraguas y la lluvia,
la mística presencia,
mis sueños, y los tuyos
los nuestros:
¿Fueron sólo puro azar,
o van a ser reales?
¿Tanto como lo fueron,
o lo son,
quienes nos rodean,
los que no son,
porque son diferentes,
o porque eligieron lo otro?

Y ¿por qué olvidar
esa tarde que pasé contigo?

Tú,
con tus labios sensuales,
granates e insinuantes,
con tus medias transparentes,
¡qué hermosura!
¡Qué oportuna esa lluvia,
que nos obligaba
a mezclarnos!

Tú,
con ese cuerpo, el tuyo,
que siempre superaba
a todas las pinturas.

Tú,
con ese sujetador,
que yo imaginaba en tu cuerpo,
pieza innecesaria,
porque nada tenía que sujetar:
tus senos altivos
me miraban de frente,
y se mantenían erectos,
no sé si insinuantes
o amenazantes...

Y esas noches,
pasadas contigo,
bajo el resplandor
de la luna traicionera.

Tú,
con la sonrisa en el rostro,
al son de una música celestial,
las palabras titubeantes
que salían de tus labios…
y de los míos.

Y todos esos nombres
de gente importante,
que ya no lo eran,
porque tú lo eras todo,
y lo sigues siendo.

Me pareció por un momento,
que todo estaba al revés,
o casi todo,
porque la mujer
de Van Oostzanen
parece real:
ésa eres tú.
Y la de Rebecca Campbell,
también es real,
pero no eres tú,
porque está al revés.

Y es que yo
no quiero olvidar,
ni mucho menos olvidarte a ti,
porque tú estás dentro de mí,
y yo, sin ti,
ya no soy yo.

En ese caso,
sería otro,
y yo quiero seguir
siendo yo,
pero contigo.

Antonio Martín Ortiz

Entre éstas, o a continuación, mi gran amiga también Soledad Sánchez Mulas, que está toda ella llena de inspiración y encanto, cuando se pone a escribir, y también cuando no escribe, me envía un correo electrónico el día 4 de Octubre, alabando el poema de Elena Pascual, y comentando, en forma de diálogo, lo que yo escribí, sin optar por publicarlo como comentario en el blog de Elena Pascual, porque parecería demasiado barroco tanto comentario, y, sobre todo, para no convertirse en protagonista ella, Soledad Sánchez Mulas, porque aquí el protagonismo es todo para Elena Pascual, que es la que dio origen a estos comentarios en cascada, porque su poema es fecundo y muy fecundo, ya que ha sido el origen y la causa de todo. Le digo a Soledad Sánchez Mulas que sus versos no deben quedar sin ser publicados, porque son exquisitos, como lo son todos los suyos, y me da permiso para que los haga públicos en mi espacio. Le doy las gracias y os los pongo a continuación (en color rojo, lo que yo escribí; y en color azul, lo que ella intercaló):


Quisiera,
pero me es imposible.
A lo mejor es que no quiero,
o no puedo.


Debería dejarme caer en el olvido,
pero sé que me enganchas...
siempre tus tibios músculos alerta
para sacarme a flote.

¿Qué pasa con tus manías?
Mi paraguas y la lluvia,
la mística presencia,
mis sueños, y los tuyos
los nuestros:
¿Fueron sólo puro azar,
o van a ser reales?
¿Tanto como lo fueron,
o lo son,
quienes nos rodean,
los que no son,
porque son diferentes,
o porque eligieron lo otro?


Esa montaña mágica
de minúsculas cosas
que elevamos, a medias,
¿existe?, díme, ¿se hace perenne?
¿vive?


Y ¿por qué olvidar
esa tarde que pasé contigo?


¿Vaciarme de tí?
¿Ahogarme ahora
en la turbia humedad de tu presencia?


Tú,
con tus labios sensuales,
granates e insinuantes,
con tus medias transparentes,
¡qué hermosura!
¡Qué oportuna esa lluvia,
que nos obligaba
a mezclarnos!

Tú,
con ese cuerpo, el tuyo,
que siempre superaba
a todas las pinturas.

Tú,
con ese sujetador,
que yo imaginaba en tu cuerpo,
pieza innecesaria,
porque nada tenía que sujetar:
tus senos altivos
me miraban de frente,
y se mantenían erectos,
no sé si insinuantes
o amenazantes...

Y esas noches,
pasadas contigo,
bajo el resplandor
de la luna traicionera.

Tú,
con la sonrisa en el rostro,
al son de una música celestial,
las palabras titubeantes
que salían de tus labios…
y de los míos.


Sí, sé que fue un estruendo
el golpe de tu carne
en mi carne.
Sí, me comí tus labios
debajo de una luna indolente,
y te prometí pócima
de jugo eterno y franco.
Sí, sin tí no fui nadie,
hasta que aquella tarde
llovió café en mi sábana...


Y todos esos nombres
de gente importante,
que ya no lo eran,
porque tú lo eras todo,
y lo sigues siendo.

Dejé de ser así, como quería,
para serte
a tu forma.
Se cayeron mis naipes.

Me pareció por un momento,
que todo estaba al revés,
o casi todo,
porque la mujer
de Van Oostzanen
parece real:
ésa eres tú.
Y la de Rebecca Campbell,
también es real,
pero no eres tú,
porque está al revés.


Y eras tú.
Por dentro y por debajo,
todo piel, todo cuerpo,
y sólo era tu cara
mi amordazante espejo.

Y es que yo
no quiero olvidar,
ni mucho menos olvidarte a ti,
porque tú estás dentro de mí,
y yo, sin ti,
ya no soy yo.


Quiero olvidarme entera de los otros,
y ahogarme en tu costumbre.
Tú y yo,
pero sin mí,
sólo contigo.

En ese caso,
sería otro,
y yo quiero seguir
siendo yo,
pero contigo.

Soledad Sánchez Mulas & Antonio Martín Ortiz


Como si de un acto mágico se tratase, Elena Pascual publica el 11 de Octubre una entrada con el título de En mis nocturnos sueños imagino que te tengo, un texto lleno de inspiración y cariño, que me dedica y en el que incluye una buena parte de las palabras que yo dejé como comentario a su poema, detalle que yo le agradezco muy sinceramente.


PS.: Para mí es todo un placer y un gran orgullo poder contar con la amistad de Soledad y Elena, y tener la oportunidad de disfrutar de sus escritos, en verso y en prosa, que siempre son enriquecedores. Y tengo que agradecerles a ambas que me hayan permitido adornar mi humilde espacio con poemas soberbios escritos por ellas.

A lo largo de esta exposición habréis encontrado los múltiples enlaces que os remiten a los correspondientes espacios de Elena y Soledad.

domingo, 17 de mayo de 2009

(El nacimiento del árbol de la) MIRRA (y V): Se consuma la locura de Mirra y nace el árbol.

A mismo tiempo que este relato, mi gran amiga, Soledad Sánchez M., en su “locus amoenus”, publica un exuberante, apasionado, erótico y sensual poema sobre la locura y el desenfreno de Mirra. Pinchad aquí para gozarlo

Llevo unos días contándoos EL NACIMIENTO DEL ÁRBOL DE LA MIRRA. Recapitulemos lo ya dicho en los cuatro capítulos anteriores.


Pigmalión, en Chipre, ha hecho una estatua de marfil blanco. Es su ideal de mujer. Afrodita, ante el amor que siente Pigmalión por la estatua, hace que ésta cobre vida: se convierte en mujer de carne y hueso. Hubo tálamo nupcial, hubo matrimonio. De esa unión nace una hija de nombre Pafos. De esa hija nace un niño, de nombre Cíniras. Cíniras, a su vez, tiene una hija llamada Mirra. Mirra se enamora apasionadamente de su padre Cíniras, pero su amor no es un amor propio de una hija a un padre, es un amor como el que le puede tener una mujer a un hombre, un amor apasionado. Mirra está ahora atormentada por el sentimiento y la pasión que siente por su padre, porque es antinatural. Es una cosa horrible. Está hablando y meditando Mirra consigo misma. Angustiada Mirra, decide suicidarse, atándose la garganta con un lazo. Al darse cuenta la nodriza de lo que Mirra iba a hacer, le desata el lazo y lo hace trizas, muy a pesar de Mirra todo ello. Sin entender nada de sus intenciones, se dirige a Mirra, hablándole.


La hábil nodriza descubre las inquietudes y deseos de Mirra y, aprovechando unos días de abstinencia obligada por parte de su padre, por celebrarse las fiestas de Ceres, lleva a cabo todos los preparativos, engaños incluidos, para que lo espantoso de que hablaba Ovidio al principio se consume.


Prosigue Ovidio (Metamorfosis, X, 446-518)



“Era el momento en que todo está en silencio, y entre los Triones (la Osa Mayor) había el Boyero (otra constelación junto a la Osa Mayor) hecho girar la carrera invirtiendo la lanza. Ella se encamina a realizar su atentado; la áurea luna huye del cielo, negras nubes ocultan las estrellas que se esconden; la noche está privada de su propio fuego; tú, Ícaro, eres el primero en ocultar el rostro, y también Erígone, consagrada por su piadoso amor a su padre.


Por tres veces tropezaron sus pies dándole así una señal de que debía renunciar, por tres veces un búho siniestro emitió su augurio con su canto de muerte: ella seguía andando, sin embargo, y las tinieblas y la negra noche disminuyen su vergüenza; con la mano izquierda coge la de la nodriza; la otra tantea el invisible camino. Ya toca el umbral del tálamo, ya abre las puertas, ya se desliza dentro; pero las corvas se le doblaban haciéndole temblar las rodillas, y se le escapa el color y la sangre, y, conforme avanza, la abandona el valor. Y, en cuanto más cerca se encuentra de su crimen, más se espanta y se arrepiente de su audacia, y quisiera poder retirarse sin ser reconocida. Mientras duda, la mano anciana tira de ella hacia dentro, y, una vez llegada al lecho, en el momento de entregarla, dijo: “Tómala, Cíniras, tuya es”, y unió los cuerpos malditos.


Recibe el padre sus propias entrañas en lecho impuro, y atenúa el miedo de la virgen, y la anima mientras ella está despavorida. Quizá, en nombre de su edad, también la llamó “hija”, y ella lo llamó “padre”, para que el crimen no careciese ni aún de nombres. Llena de su padre, salió del tálamo, y lleva en el vientre execrable impíos gérmenes, y es vehículo de una concepción criminal. La noche siguiente repite la fechoría, y no habría límite en ella, mas, al fin, Cíniras, ansioso de conocer quién es su amante después de tanto estar juntos, hizo traer luz y vio el crimen, así como a su hija, y, sin que el dolor le dejara proferir palabra, saca su espada refulgente de la vaina que tenía colgada; Mirra huye, y las tinieblas y la protección de la ciega noche la libran de la muerte, y, después de vagar por los anchos campos, abandonó la Arabia fecunda en palmeras y los labrantíos de Panquea, y anduvo errante durante nueve cuernos de la luna en retorno (es decir, nueve meses), y, al cabo, se detuvo agotada en la tierra de los Sabeos (en Arabia), y ya apenas podía con la carga de su vientre.


Entonces, sin saber qué pedir a los dioses, y, entre el temor a la muerte y el odio a la vida, hilvanó las siguientes plegarias:


“Oh divinidades, si existís alguna que deis acogida a los que confiesan, he merecido un espantoso suplicio y no lo rehúso, pero, para que yo no ofenda a los vivos con mi supervivencia, ni a los difuntos con mi muerte, arrojadme de ambos reinos, y, haciéndome cambiar de forma, negadme tanto la vida como la muerte”.


Hay una divinidad que da acogida a los que confiesan: en todo caso su última petición tuvo dioses que la atendieran. Pues, mientras ella hablaba, la tierra vino a cubrirle las piernas, se le rompen las uñas, y por ellas se extiende una raíz atravesada, fundamento de su largo tronco, los huesos cobran dureza, y, mientras su médula sigue ocupando la región central, la sangre se convierte en savia, los brazos en grandes ramas, los dedos en pequeñas, y la piel se le endurece en calidad de corteza. Y ya el árbol que la va invadiendo le había apretado el grávido vientre y sepultado el pecho, y estaba a punto de taparle el cuello: no soportó ella la espera, y, saliendo al encuentro de la madera que se le acercaba, se hundió en ella y sumergió en la corteza el rostro. Y aunque ella perdió, a la vez que el cuerpo, sus antiguos sentidos, llora, sin embargo, y del árbol manan tibias gotas. También sus lágrimas tienen calidad, y la mirra que destila el tronco conserva el nombre de su dueña y ninguna época dejará de celebrarla.














Mas la criatura concebida en el pecado había crecido debajo del tronco y buscaba camino por donde, abandonando a su madre, pudiera situarse en el exterior: en mitad del árbol se comba hacia fuera el grávido vientre. La carga produce a la madre una tensión; pero sus dolores carecen de palabras para expresarse, y no puede invocar a Lucina (diosa de los alumbramientos) la voz de la parturienta. Sin embargo, su apariencia es la de una mujer que está en trance de dar a luz, y el árbol se inclina y profiere frecuentes quejidos, y se humedece con las lágrimas que le caen. Junto a las ramas doloridas se detuvo Lucina propicia, le puso las manos encima y pronunció palabras que producen el parto: el árbol se resquebraja, y, una vez hendida la corteza, hace salir su carga viva, y un niño da un vagido; las Náyades lo colocaron sobre la blanda hierba y lo ungieron con las lágrimas de su madre. Hasta la Envidia habría alabado su belleza; pues, como se pintan en un cuadro los cuerpos de los desnudos Amores, así era, pero, para que el atavío no establezca diferencias, añádele al uno o quítale al otro la ligera aljaba”.


(Traducción, con algunos retoques de puntuación, de Antonio Ruiz de Elvira)



Y ya tenemos a Adonis, que acababa de nacer, pero esto es ya otra historia.



Texto Latino:



Tempus erat, quo cuncta silent, interque triones
flexerat obliquo plaustrum temone Bootes:
ad facinus uenit illa suum; fugit aurea caelo
luna, tegunt nigrae latitantia sidera nubes;

450
nox caret igne suo; primus tegis, Icare, uultus,
Erigoneque pio sacrata parentis amore.
Ter pedis offensi signo est reuocata, ter omen
funereus bubo letali carmine fecit:
it tamen, et tenebrae minuunt noxque atra pudorem;

455
nutricisque manum laeua tenet, altera motu
caecum iter explorat. thalami iam limina tangit,
iamque fores aperit, iam ducitur intus: at illi
poplite succiduo genua intremuere, fugitque
et color et sanguis, animusque relinquit euntem.

460
Quoque suo propior sceleri est, magis horret, et ausi
paenitet, et uellet non cognita posse reuerti.
cunctantem longaeua manu deducit et alto
admotam lecto cum traderet "accipe," dixit,
"ista tua est, Cinyra" deuotaque corpora iunxit.

465
Accipit obsceno genitor sua uiscera lecto
uirgineosque metus leuat hortaturque timentem.
forsitan aetatis quoque nomine "filia" dixit,
dixit et illa "pater," sceleri ne nomina desint.
plena patris thalamis excedit et inpia diro

470
semina fert utero conceptaque crimina portat.
Postera nox facinus geminat, nec finis in illa est,
cum tandem Cinyras, auidus cognoscere amantem
post tot concubitus, inlato lumine uidit
et scelus et natam uerbisque dolore retentis

475
pendenti nitidum uagina deripit ensem.
Myrrha fugit: tenebrisque et caecae munere noctis
intercepta neci est latosque uagata per agros
palmiferos Arabas Panchaeaque rura relinquit
perque nouem errauit redeuntis cornua lunae,

480
cum tandem terra requieuit fessa Sabaea;
uixque uteri portabat onus. tum nescia uoti
atque inter mortisque metus et taedia uitae
est tales conplexa preces: "o siqua patetis
numina confessis, merui nec triste recuso

485
supplicium, sed ne uiolem uiuosque superstes
mortuaque exstinctos, ambobus pellite regnis
mutataeque mihi uitamque necemque negate!"
numen confessis aliquod patet: ultima certe
uota suos habuere deos. nam crura loquentis

490
terra superuenit, ruptosque obliqua per ungues
porrigitur radix, longi firmamina trunci,
ossaque robur agunt, mediaque manente medulla
sanguis it in sucos, in magnos bracchia ramos,
in paruos digiti, duratur cortice pellis.

495
Iamque grauem crescens uterum perstrinxerat arbor
pectoraque obruerat collumque operire parabat:
non tulit illa moram uenientique obuia ligno
subsedit mersitque suos in cortice uultus.
quae quamquam amisit ueteres cum corpore sensus,

500
flet tamen, et tepidae manant ex arbore guttae.
est honor et lacrimis, stillataque cortice murra
nomen erile tenet nulloque tacebitur aeuo.
At male conceptus sub robore creuerat infans
quaerebatque uiam, qua se genetrice relicta

505
exsereret; media grauidus tumet arbore uenter.
tendit onus matrem; neque habent sua uerba dolores,
nec Lucina potest parientis uoce uocari.
nitenti tamen est similis curuataque crebros
dat gemitus arbor lacrimisque cadentibus umet.

510
Constitit ad ramos mitis Lucina dolentes
admouitque manus et uerba puerpera dixit:
arbor agit rimas et fissa cortice uiuum
reddit onus, uagitque puer; quem mollibus herbis
naides inpositum lacrimis unxere parentis.

515
Laudaret faciem Liuor quoque; qualia namque
corpora nudorum tabula pinguntur Amorum,
Talis erat, sed, ne faciat discrimina cultus,
aut huic adde leues, aut illis deme pharetras.



Mi amiga Elena Clásica, Elena Pascual, Ἑλένη,
viene haciendo, a lo que yo escribo, unos comentarios que, por su profundidad, su inspiración, su contundencia y sus insinuaciones, son como un broche de oro a todo lo escrito. No puedo abstenerme, contando con su aprobación, de traspasar, a primera página, su exquisito comentario, que ennoblece y da significado completo a todo lo escrito. Aquí tenéis el último que ha escrito:


Mi querido Antonio:

No había redención para Mirra; aunque los negros augurios y las sombras la advirtieran, tenía que caer en su incestuosa pasión.

Después de tu mágica aportación, divinos retoques, aladas palabras, danzantes pinturas: los árboles se suman al llanto de Mirra, los bosques aúllan desde lo más profundo de todas las raíces, los cielos extienden su manto negro. Un poco de compasión de los dioses:

Propicia Lucina, atiende a sus dolores y la asiste (gigante la pintura del árbol alumbrando).

¿Qué terroríficos hilos tejieron la vida de Mirra y esbozaron su locura? ¿Qué ardoroso y temible dios enciende tan alborotada llama en el corazón de esta joven? ¿Qué hado funesto le impidió poner fin a sus propios días, su sufrimiento...?

He aquí la poesía: qué grande es este blog, qué grande eres, Antonio, qué entrelazados troncos de sapiencia alumbran, cual Lucina espléndida, las palabras de Ovidio a la lumbre absoluta.

Al fin, nació Adonis, el hermoso, qué jabalí furioso se vislumbra en el camino...

Qué vida tan intensa en este hogar, en el encuentro de un encantador sofá frente a la chimenea de tu magia. Antonio, mago, sólo puedo decirte cuán maravilloso eres.

Me han encantado los comentarios previos y suscribo la reflexión de Dilman.

No puedo agradecerte lo suficiente la majestuosidad poética que me ofreces en mi blog y con la que tan íntimamente te fusionas.
Simplemente : gracias.Ἑλένη


Muchas gracias, amiga del alma, y un beso,
Antonio


IMÁGENES TOMADAS DE:
Ouidius Naso – Edition
Virgil Solis, Ed. 1581
http://www.latein-pagina.de/