

Todo el mundo sabe que las palabras matrimonio y patrimonio proceden del Latín matrimonium y patrimonium. También es conocido que ambas, en Latín y en Castellano, significan:
Patrimonium: el conjunto de propiedades que se tienen, sean del tipo que sean.
Parece que son dos palabras paralelas, y no lo son en nuestra Lengua, pero sí lo eran en la Lengua Latina. En efecto, ambas están formadas de mater-matris (madre) y pater-patris (padre).
Es evidente que cada Lengua tiene sus propias Leyes a la hora de formar palabras: ambas palabras tienen en Latín un sufijo en –monium que, desde época muy antigua, dio origen a palabras con el significado de acción o agente y posteriormente dio lugar a nombres de estado jurídico.
En este sentido matrimonium significaría la función o capacidad para ser madre, y patrimonium la situación jurídica del que es el propietario de todo, que, por su etimología y por la Realidad de la Época Romana, es el padre, el pater familias, el padre de la familia.
Evidentemente que las palabras tienen su evolución en la forma y en el significado, pero siempre queda algo de su significado primigenio y eso no se puede obviar.
En este sentido es una contradicción interna llamar matrimonium a la unión de dos personas que per se son incapaces de realizar la función de ser madre, salvo que se recurran a medios no naturales, como puede ser el caso de dos hombres o de dos mujeres, porque, en ese caso, es imprescindible la intervención de un agente externo a ellos.
Es que la Sociedad y su concepción de la vida puede variar, pero hay cosas que son inamovibles, porque llevan en sus genes, diríamos, algo de lo que no se pueden desprender.
Es como si nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, quisiéramos, en aras a la evolución, renunciar a nuestros orígenes de homínidos y, si me apuráis mucho, de simios.
Pierre Monteil: Eléments de phonétique et de morphologie du latin, NATHAN, UNIVERSITÉ, INFORMATION, FORMATION, Paris, 1974;
A. Ernout et A. Meillet: Dictionnaire Étymologique de la LANGUE LATINE, LIBRAIRIE C. CLINCKSIECK, Paris, 1967.
Observación: si hacéis click en la correspondiente imagen, podréis leer los textos que confirman lo que acabo de decir.
APÉNDICE
Esta reflexión mía pretendía al inicio exclusivamente explicar la etimología de matrimonium y patrimonium, sin ulteriores connotaciones. Posteriormente a su publicación, recibo, en un comentario, la petición de mi amigo Fernando de que amplíe algunos términos referidos a la actividad sexual y erótica de la Antigua Roma.
Una excelente relación, exhaustiva diría yo, de la terminología referida a la actividad sexual la podéis encontrar en Léxico erótico latino. Tengo que añadir que la mayoría de palabras, exceptuadas las que se refieren a la actividad entre el pater y la mater familias, tienen una dosis despectiva y de vulgarismo. Y no os molestéis en comprobarlas en los diccionarios usuales de Latín: han sido excluidas de ellos y sólo se encuentran en diccionarios especializados.
La mejor forma de conocer esa terminología es recurrir a los Clásicos, como pueden serlo Horacio y Catulo, que hacen un uso abundante y preciso de ella. Yo mismo he publicado aquí dos poemas de Horacio, con su texto Latino y una excelente y exacta traducción, que no es mía:
EL ÉPODO VIII
Y
EL ÉPODO XII.
En ellos podéis encontrar abundancia de términos referidos a la actividad sexual en Latín.