Etimológicamente es el conejo un derivado del Latín cuniculus [cunículus] [madriguera], que a su vez deriva del Ibérico, o del Vasco (Vide: Antoine Meillet & Alfred Ernout, Dictionnaire étymologique de la langue latine, Paris, Éd. Klincksiek, 4º Edic. 2001), con el mismo significado y no es, como algunos creen, un diminutivo del Latín cunnus [coño], que se relaciona, a nivel etimológico, con otra palabra también vulgar, culus [culo]. Queda pendiente de estudio la conexión que existe entre el conejo en su acepción literal y en su acepción metafórica, es decir, cuando se sitúa entre las columnas, algunas veces jónicas, que sostienen el cuerpo femenino, vamos, lo que las mujeres tienen inter inguina [entre las ingles]. Aparece documentada por escrito la palabra conejo por primera vez en la lengua de Cervantes en 1130. Cuniculus está documentado en Latín desde Gayo Valerio Catulo (87-54 aC), en su Carmen [Poema] XXV, que empieza con estas palabras:
Cinaede Thalle, mollior cuniculi capillo.
[Maricón de Talo, más tierno que el pelo de un conejo].
Goya y Lucientes, Francisco de
La maja desnuda
98,00 cm x 191,00 cm
1797 - 1800
Museo del Prado
Sala 36
Según Plinio el Viejo (Naturalis Historia, 8, 217), el vocablo es de origen hispano, porque en la Hispania Romana abundaban los conejos. Lo dice el propio Gayo Valerio Catulo (Carmen XXXVII, 18), donde a un tal Egnatius, hombre de depravada vida y fama, oriundo de Hispania, lo llama:
Cuniculosae Celtiberiae fili.
(Hijo de la Celtiberia rica en conejos).

Queda pues constatado que no hay ninguna relación entre cunnus [coño] y cuniculus [conejo]. Al decir de Cicerón, es una palabra vulgar y sólo la utilizan los Satíricos, los Priapeos (Poemas fálicos, referidos a Príapo, el dios protector de los campos de labranza, de la fecundidad masculina, y también de la masculinidad), y los Graffiti (Incripciones en las paredes, generalmente, de los prostíbulos). En la Antigüedad recibió su correspondiente culto, pues tenemos constancia de que en Grecia se le rendía culto como símbolo de fecundidad en las fiestas en honor de Deméter que se celebraban en Eleusis. Las mujeres ofrecían a la diosa pastelillos en forma de cunnus [coño]. Algo semejante ocurría en Roma:
Illa siligneis pinguescit adultera cunnis (Marcial, IX,2,3).
[Ella, la adúltera, engorda con coños de flor de harina].
Mirator cunni Cupiennius albi (Horacio, Sátiras, I, II,36).
[Cupienio, admirador de un coño blanco].
Nam fuit ante Helenam cunnus taeterrima belli causa.
(Horacio, Sátiras, I, III, 107-8).
[Pues ya antes de Helena un coño fue la causa tristísima de la guerra].

Establecida la imposibilidad de relación entre el cunnus [coño] y cuniculus [conejo], el conejo y el conejo, en sus dos acepciones, veamos ahora cómo se podría definir lo que es un conejo.
Tarea difícil es ésta ya que a primera vista no se ve que haya demasiada relación entre el conejo semoviente, el que salta y, sobre todo, corre, y aquél otro que simplemente se corre. El uno lo hace de forma instintiva, ante un peligro inminente y el otro exactamente al revés, cuando pretende un acercamiento, cuando manifiesta un deseo. Ambos pueden estar húmedos: el uno de sudor, de tanto correr, y el otro de humedades que hacen que se corra. Quiere ello decir que en el uno las afluencias de líquidos vienen provocadas por el excesivo ejercicio y en el otro se presentan para facilitar el ejercicio. Ambos tienen pelo, ambos son sensibles al tacto. No obstante las formas son variables en ambos y variantes en el segundo. Más oquedades, más abertura tiene el segundo y, también, más sinuosidades. Tampoco el color es el mismo. El uno tiene color fijo, pardo, blanco, atigretado algunas veces; en el otro predomina el sonrosado vivo. El uno corre campo a través y el otro se corre hacia dentro (y hacia fuera), aunque también tiene manifestaciones externas. El uno apenas despide aromas, el otro adquiere unas odorancias que se impregnan de densidad a medida que entra en actividad.
Goya y Lucientes, Francisco de
La maja desnuda
98,00 cm x 191,00 cm
1797 - 1800
Museo del Prado
Sala 36
Respecto a los cuidados que necesitan uno y otro, hemos de anotar una gran diferencia: el uno es autónomo, no necesita cuidados, el otro necesita ser tratado con cierta asiduidad y alimentado con atenciones especiales: no se puede por ello decir que tenga vida propia, ya que necesita de la atención y la manutención de un agente externo. El uno se te escapa, el otro se te retiene; el uno huye, el otro se te acerca, casi te habla, casi a gritos. El primero suele esconderse en su madriguera, el otro es su propia madriguera: a veces se resiste, otras veces no, tiene sus caprichos, no siempre se deja coger, a veces es tímido, otras agresivo, unas veces se presenta él mismo, otras se hace el esquivo, se retrotrae.
Resumiendo, podemos decir que entre las dos especies de conejos existe una clara preferencia, comúnmente aceptada, por el segundo: es más juguetón, es más agradecido, es más comunicativo, es más dócil, no se suele escapar cuando se tiene atrapado, es sonriente, casi habla, a su manera, claro.

Lucas Cranach the Elder (German, 1472-1553). Venus, 1532.
Mixed media on beechwood. 37.7 x 24.5 cm (14 7/8 x 9 5/8 in.)
Éstas son las reflexiones que hemos podido establecer sobre los orígenes de los vocablos y las características esenciales de tan importantes seres vivientes. Queda para una posterior ocasión la comprobación empírica de los principios aquí enunciados. Ha sido un estudio rápido, pero riguroso, el que hemos pretendido hacer. Incompleto lo es, por supuesto, pero puede ser el principio de una investigación que puede completarse más adelante, cuando dispongamos de más tiempo y más bibliografía, sin que se olvide la práctica que necesita cualquier investigación seria que se precie de serlo.

Es lo que he podido concluir, para vosotras y vosotros también, con humor y en tono cariñoso e íntimo, pero con seriedad.
Cerámica pintada
Isla de Sacrificios, 900-1521 d. C.
El conejo se asocia al pulque, única bebida embriagante de la época en Mesoamérica, asociada a rituales mágico-religiosos. Este vaso serviría quizás para beber pulque.
British Museum, Londres
Ethno. 1844.7-20.947
Carla Tormenta, que tiene dos blogs deliciosos, FANTASY y MÁGICO ARTE, y, como mujer que es, conoce, supongo, a la perfección el tema tratado, ha dejado un comentario que, a mi buen entender, merece ocupar un lugar de privilegio en esta reflexión mía. Es como un corolario de oro al tema tratado:
Hola, querido Maestro, me encanta esta entrada tan didáctica e interesante sobre el conejo, gran estudio sin duda. He de decir que la sonrisa no se me ha quitado de los labios desde que empecé a leer tan instructivo análisis.
Te regalo un poema a propósito del asunto, de la poetisa Isla Correyero:
Poema Coño Azul de Isla Correyero
Mi coño es negro como carbón
evaporado. Pero se vuelve azul a la luz
de la tele y de la luna.
La característica más peculiar que
explica su color y su forma
es
que tiene circulación lenta y
estremecida que va navegando hacia la
tinta de las venas y se abre al desamparo
de mi dormitorio como si
comprendiese que un dedo impenetrable,
masculino,
no pasara por él ni por las sábanas.
Sería una esperanza considerar
que sobre mi coño solitario aún pueden
caber volúmenes remotos
o
un pañuelo azul que penetrase las dos
mitades húmedas y abiertas y así pasar
esta tela azul, ensangrentada,
quedándose,
rompiéndome
porque mi coño ya es invencible,
mi enemigo.
Aislado del amor
cualquier coño es violento.
(De su libro: Mi coño azul)
Abrazos y sonrisas verticales, amigo supremo de la sabiduría.
Muchas gracias, amiga Carla, eres un primor.
Antonio
Carmen Pascual, con el pseudónimo de Carmensabes, nos regala un sugerente poema de ISABEL ESCUDERO, titulado A TI, QUE DE PAR EN PAR…, que podéis leer en Comentarios o pinchando aquí mismo: en este caso encontraréis bastantes poemas más, relacionados con el mismo tema, así como una serie de imágenes reales y expresivas de uno de los conejos que se estudian aquí, el conejo femenino, vamos, el coño.
Muchísimas gracias, amiga Carmen.
Antonio