Hace Vd. una exégesis del Amor, digna de los grandes filósofos. Puedo remitirme a Platón, que Vd. conoce perfectamente. Puedo citar a San Juan de la Cruz, que es su favorito, y me parece a mí que ésa es fundamentalmente la línea de su pensamiento, línea que no es la mía. No me puedo remitir a Ovidio en su Ars amandi, porque Ovidio, más que de amor, de lo que habla es de erotismo y sexo. Tampoco puedo remitirme a Ortega y Gasset, para quien el Amor es una especie de locura transitoria y pasajera. Pueden consultarse sus
Y aquí está la muy sensata y muy meditada, al tiempo que fundamentada, réplica de Don Carlos. Por mi parte, tengo que añadir que, en el fondo, yo estoy prácticamente de acuerdo con todo lo que escribe Don Carlos: lo que pasa es que ambos analizamos los conceptos y las ideas desde ópticas algo diferentes, aunque no contradictorias.
Me alegra comprobar que le ha interesado el tema, amigo Antonio; en primer lugar por la prontitud con que ha realizado su comentario, y, luego, por la calidad del mismo y su mucha sustancia; se nota que apenas ha tenido que improvisar, al ser algo que de antemano tenía muy meditado.
Tomo nota de los otros dos autores para, en un futuro indeterminado, intentar valorar sus respectivas visiones sobre el amor.
No le entiendo, amigo Antonio, cuando dice que "no es lo mismo que a uno se le muera un ser querido", ¿es que, cuando amas a alguien con toda tu alma y con todo tu cuerpo, ese alguien no es un ser querido? ¿Dónde está, en su opinión, el límite que define quién es un ser querido? Por otro lado, le felicito por esa capacidad que usted tiene, que a mí me parece asombrosa, para decidir a quién quiere y a quién no, para decir: pues bien, yo quiero a mengana y, como ella no me quiere, como es una sinvergüenza redomada o no es capaz de apreciar mis bellas cualidades, pues a partir de hoy dejo de quererla; como cuando en el colegio un compañero no hacía lo que le pedíamos y poníamos cara de muy mala uva y le espetábamos: "ya no te ajunto".
¿Realmente cree usted que es tan fácil? En esta vida o se ama o no se ama, y el amor (le recuerdo aquí a Salinas), por suerte o por desgracia, no es algo que dependa de nuestra voluntad, uno ama a pesar de; conoce, a su pesar, el significado del ni contigo ni sin ti, sabe que no debía de... y sin embargo....
Parece probado que Dante Alighieri sólo vio en contadas ocasiones a su amada Beatriz, creo recordar que, según se dice, habló con ella una vez sólo y, no obstante, la amó hasta lo indecible, hasta el punto de seguir amándola después de muerta; lo mismo le ocurrió a Petrarca con su Laura. Entonces, según usted, el amor de ambos poetas, como no correspondido, habría tenido que desaparecer; no pudo, ni debió quedar ni siquiera en el recuerdo. Qué lástima (para ellos) que no fuesen capaces de reconocer la realidad. Afortunadamente (para nosotros), de su locura nos quedan un par de bagatelas: un Cancionero y una Divina Comedia, que aún no han sido superadas, que como obras literarias no tienen parangón.
Me viene a la mente una cita de Cortázar, entresacada de su Rayuela: "Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en mitad del patio".
Tenga en cuenta que cuando digo que no debemos renunciar del todo a un amor ni cuando éste «acabe» el verbo va entrecomillado, y no de un modo casual: con ello he querido dar a entender que se trataría de un amor acabado, sí, en cuanto a sus posibilidades de realización, pero vivo aún en el interior de la persona. Lo que yo propongo sería, por tanto, en mi humilde opinión, la mejor solución, la más llevadera, la menos traumática, para sobrellevar esa situación en que la ruptura, por la razón que sea, parece algo definitivo, pero en donde seguimos amando, aunque sea a pesar nuestro. ¿Qué hacer entonces, si amamos mucho y sin fruto? ¿Caer en la mayor desesperación y acabar con nuestro sufrimiento al estilo del romántico Larra? ¿Entrar en una dinámica de resentimiento y amargura? ¿Dejar de creer en el amor y empezar una vida de disipación y degradación de nuestra persona? La cuestión es que un amor no correspondido no siempre equivale a un amor muerto, como usted dice, y, puestos en la tesitura de no poder dejar de amar, ¿no es mejor convencernos de que lo muerto para nosotros sea esa persona que acaso no merece nuestro amor? ¿Por qué habríamos de renegar de algo que, por la parte que nos toca, ha sido noble, bueno y bello?
Está claro que mantenemos posturas diferentes sobre un tema que es complejo, lo cual no impide que nos respetemos y tengamos en consideración nuestras opiniones respectivas. Me gusta que haya querido entrar en el debate y se lo agradezco sinceramente: sus objeciones me han parecido muy oportunas. Disculpe, por otra parte, si en algo me he excedido.
Un fuerte abrazo de amistad.
Carlos Hernández, Chacien
El debate y la confrontación de ideas sigue entre nosotros, por ahora, en espera de que se enriquezca con la aportación de algún otro lector. Si Vds. quieren seguirlo, pueden hacerlo en el Blog POESÍACIÉN.









































































Caravaggio, The Lute Player. The Hermitage, St. Petersburg
Carl Dobsky: Sunday Morning.













